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domingo, febrero 15, 2009

Más de 90 horas de viaje...

...que parece que están acabando ahora. Comenzaron a las 4,30h del lunes pasado en Madrid. Pasé el fin de semana anterior en Sevilla, con mi ángel, tocando con el Uli en la Malandar el viernes y viendo perder al Sevilla (y van esta temporada...) el sábado en el Pizjuán, encima contra el tercer. Ya esa misma noche comencé a sentir punzadas en la garganta, pero no les di importancia porque estaba fumando cigarros prestados que conseguí por ahí.

El domingo fuimos a ver a Enrique a Doble Zero. Enrique siempre tiene o un costo muy bueno o una hierba muy buenas, o ambos (para eso es la Grow Shop más antigua de Sevilla). Luego a comer a casa de mis tíos, luego al AVE de vuelta a Madrid, y por la noche, aunque ya me encontraba mal, a los baños árabes de Jacinto Benavente.

Es una putada estar malo, o en proceso de, y hacer algo que sabes que normalmente disfrutarías muchísimo pero que por las circunstancias sólo lo haces a medias.

Lo hice por mi ángel. Se me apareció a primeros de diciembre, y me ha ayudado a llevar estos dos meses pre-partida ofreciéndome una comprensión infinita, grandes dosis de paciencia y sobre todo mucho, mucho amor. Gracias cielo, y aunque pueda parecer fuera de lugar y sensiblero, quiero decirte que mi madre habría estado encantada contigo, al igual que lo están mi padre y mi abuelo.

Bueno, por mi ángel y por mí, qué coño. Aunque sea sólo disfrutado a medias, iba a ser mi última oportunidad en mucho tiempo. Y me gusta imaginarme entre los que apuran la última copa de vino. Hasta el final.

Y el lunes, parches de última hora en el curro, cerrar el coche, comprar las tres cosas que me faltaban, pa casa, cerrar la mochila, envolver el didgeridoo, dormir.

Olvidé mencionar que ese mismo lunes al mediodía comencé a tomar ibuprofeno. Una cápsula cada 8 horas. Para reducir la inflamación sin recurrir a los antibióticos.

Y así me pegué todo el viaje.

Lo primero que noté de forma consciente fue la falta de peso en los bolsillos. Siempre que salgo de casa, o a veces cuando voy por la calle, comrpuebo que mis dos bolsillos estén ocupados. En uno llevo el monedero, en el otro el móvil. Aunque a veces llevo uno vacío y el otro doblemente cargado, pero siempre las dos cosas.

Ahora ya no. Ahora llevo sólo el monedero. Lo que me deja por un momento desconcertado cuando me echo mano a los bolsillos y veo que uno está lleno, pero el otro no. Pero es sólo un instante, hasta que recuerdo que ahora lo normal es que esté vacío.

Lo segundo que he notado de forma consciente, consecuencia indirecta de lo primero, es que en el mundo hay muy pocos relojes públicos, incluso en los aeropuertos. Aunque no es algo que me afecte de momento, porque voy sin ninguna prisa.

Los vuelos intercontinentales son la polla. Y seguro que se disfrutan mucho más si no vas tomando ibuprofeno cada ocho horas deseando que ese intervalo termine pronto (más cuando sólo te quedan 2 ó 3) para poder meterte otro chute y que a la hora u hora y media te de el subidón de nuevo para poder interacccionar algo. Aunque prefieres pasar dormido la mayor parte del tiempo, porque así no te enteras del dolor, ni de las incomodidades. Pero como ya os digo en Singapur Airlines el vuelo es bastante ameno (tengo constancia de que en LAN sucede lo mismo, supongo que en el resto de compañías sucede igual). Para empezar tienes una minitelevisión por asiento con un mando interactivo. Puedes elegir entre más de 100 películas, episodios de series, videojuegos, mapa de ruta que te indica las condiciones internas y externas del avión (velocidad, temperatura...), los países por los que has pasado, los que te falta por pasar y el tiempo de llegada. Por otra parte en el avión de Barcelona a Singapur (hice Madrid – Barcelona – Milán – Singapur – Melbourne, aunque en Milán no cambiamos) conocí a una chica muy maja de Sevilla, Istar, con la que interaccioné más bien poco durante el viaje debido a mis condiciones físicas, pero con la que mantuve una conversación más que interesante sobre energía, percepción y los dos lados de nuestro cerebro.

Y ya, por fin, tras unas 30 horas de recorrido aterrizamos en Melbourne. Un par de horas antes me había tomado otro ibuprofeno para poder responder al menos con una sonrisa a los oficiales de inmigración (conforme la anestesia de cada dosis iba llegando a su fin comenzaba a costarme articular sonido alguno, hasta que me tomaba otra dosis y pasaba el tiempo de absorción, aproximadamente una hora). Pero afortunadamente no fueron muy estrictos conmigo. Cuando llegas a Australia te hacen rellenar un cuestionario, no tan absurdo como el que rellenas al entrar en EEUU, pero sí mezclando cosas como para pillarte, del estilo: ‘¿Está intentando introducir en el país fármacos, drogas o substancias ilegales que podrían estar sujetas a restricciones y/o control por parte de las autoridades Australianas?’. La primera reacción es decir a todo que no, claro, pero yo llevo medicinas (el ibuprofeno, por ejemplo) que no sé si están sometidas o no a control en el país. Así que marqué tres de las preguntas como que sí y el resto que no.

- ¿A la pregunta 1 ha contestado que sí porque lleva medicinas de uso personal?

- Sí, mi padre es médico y siempre que salgo de casa me obliga a llevar un mini botiquín de emergencia, contesté con una parodia de la mejor de mis sonrisas.

- ¿Qué tipo de comida trae?

- Galletas de chocolate para una amiga de aquí.

- ¡Ummmm, galletas de chocolate!

Ahora es la oficial la que sonríe. Vacía la mitad de mi mochila, me abre un par de cajas.

- ¿Conoce ustéd el dominó? Éste era de mi abuelo.

Al final lo único que me da problemas es el didgeridoo.

- ¿Esto qué es?

- Un didgeridoo

- ¿Un didgeridoo? ¿Lo compró ustéd en Australia?

- No, lo hice yo mismo, en España.

- ¿Lo hizo ustéd mismo? Se gira y vuelve con la hoja que rellené.

- ¿Podría ustéd leer la pregunta número siete?

La pregunta número siete habla de artículos de madera, semillas... No tengo que leer más, mi yidaki es de pita. Contesto sinceramente.

- Lo olvidé.

- ¿Lo olvidó? Es algo muy grande para olvidarlo, ¿no cree ustéd?

Sonrío cansado.

- Supongo que serán las 30 horas de viaje.

Me mira con escepticismo.

- Sí, supongo, contesta finalmente. Jane, ¿tienes unas tijeras para desembalar esto? Ustéd puede ir recogiendo todo lo demás.

Así que reempaqueto todo en la mochila mientras observo cómo la oficial intenta desembalar el instrumento, y al serle demasiado complicado, opta finalmente por destrozar el plástico, la caja y todo lo que encuentra por delante. Tras revisarlo unos instantes me lo devuelve.

- Muy bien, todo correcto, que tenga una buena estancia en nuestro país.

Observo los pedazitos de plástico y cartón que permanecen en la mesa y también yo decido cortar por lo sano, envolver en su tela el didgeridoo y olvidarme del embalaje.

- Disculpe, ¿hay algún sitio donde pueda tirar todo esto?, pregunto, señalando los trozos dispersos por el suelo.

- Oh, no se preocupe, yo me hago cargo.

Bueno, pues terminado. Cojo mis cosas y salgo. Y ahí está, esperándome, la marquesa. Mi princesa. Nos abrazamos.

- ¿Qué tal el viaje?

- Muy bien, algo cansado pero sobre todo por la garganta. No puedo casi hablar.

La marquesa se ríe.

- Es que el tabaco no es bueno. ¡Fuma sólo porros! ¡Sólo porros!

Me vuelve a abrazar.

- ¡Didgewind, que ya estás en Australia!

Cogemos un taxi. No me fijo mucho porque cada vez me molesta más la garganta. Cuando llegamos a casa decido que voy a comenzar con los antibióticos. Me meto en la cama y muero.

Resucito ayer sábado.

Entremedias, sueños lisérgicos, la marquesa cuidando de todo y una alpargata zarapastrosa de flemas en la garganta.

Y el martes nos vamos a Nueva Zelanda.

Afortunadamente tengo tiempo de sobra para conocer Melbourne. Hoy, mañana, o en cualquier otro momento del resto de mi vida.

domingo, enero 11, 2009

FRONTERAS

Por fin en tierra. Llevo 28 horas de vuelos y aeropuertos. Cojo mi mochila, la quitarra que me acabo de comprar en India y me pongo en la larguísima cola de presentación de pasaportes y tarjetas de entrada en Australia. Cuando llega mi turno la policía de la ventanilla me pregunta que si algo que declarar y todo eso, le digo que no, y cuando me pregunta si viajo sola la veo marcar algo en mi tarjeta. En la siguiente inspección otro policía me dice, tras mirar la marca en mi ficha, que si viajo sola me tengo que poner en la fila 1. Recorro el laberinto que forman las cintas separadoras a modo de muros invisibles. El laberinto de la fila 1 esta vacío y todos los demás llenos de gente esperando. Así que llego al final, o al principio, de mi laberinto y me paro donde otra cinta me impide pasar. La gente me mira con curiosidad, no sé si me he equivocado. Pero una policía me dice con una gran sonrisa que espere un poco, asegurándose otra vez de que viajo sola. Me pregunto por qué es tan importante que viaje sola. Mientras espero veo 3 zonas de inspección al fondo. En una registran a fondo a un chico, no sé de donde puede ser, no distingo muy bien a los asiáticos. En la otra veo un árabe, un tanto nervioso me parece. Y la otra está vacía. Entonces empiezo a tranquilizarme diciéndome que he revisado la mochila 3 veces, minuciosamente, y que a pesar de mi indefinido estado mental durante estas semanas en Hampi, no llevo ninguna tola de hachís encima. Aunque sé qué en su momento escondí una en algún lugar, pero si la he revisado 3 veces y no la he encontrado es que o Manuel o yo la cogeríamos en algún momento. O eso o está tan bien escondida que ni yo misma la encuentro, y si no la he encontrado yo no la va a encontrar el policía. Bueno, en todo caso me pongo a cantar para mi misma, poniendo en práctica mi aprendizaje en India. I´M PUSHING AN ELEPHANT AT THE STAIRS. Respira y estáte tranquila, si no sientes miedo el policía no sospechará. Siéntete segura y tranquila y no pasará nada, no revisará tan afondo si confía en mí. Para eso sólo hace falta que confíe yo en mí primero.

Las señas del pelijorro policía para que me acerque me sacan de mis pensamientos, estoy tranquila, soy una buena persona. Nos colocamos cada uno a un lado del mostrador que nos llega por las caderas, dejo la mochila y la guitarra encima, entre nosotros, y el bolso a mi lado. Me hago la loca para que no me lo registre como dando por hecho que ya pasó los controles debidos puesto que es el que he subido al avión. Lo hago porque me acabo de dar cuenta de que dentro llevo la almohada y la manta que te dejan en el avión, cogidas en un momento en el que pensé que igual me hacían falta si me toca dormir al raso algún día. En todo caso sonreiré al poli si ve mi pequeño botín pero ya íbamos a empezar mal. Me interroga minuciosamente al tiempo que desmonta todas mis cosas, toda la ropa sucia que traigo con olor a India y a mis intimidades. No llevo más que medicinas, un cuaderno, un libro...Y mi coco que uso de tazón para todo. Me lo quiere requisar porque no se puede entrar nada orgánico en Australia, son muy extrictos por posibles contaminaciones. Le miro con cara de pena y le pido por favor que me deje quedarme mi coco, que es algo muy valioso para mí. Me pregunta porqué, porque el tío no para de querer saberlo todo sobre mí, hace muy bien su trabajo en realidad, me pregunta varias veces lo mismo desde diferentes contextos haber si me contradigo en algo. Como llevo un rato hablándole de mi voluntariado en India, de mi idea de viajar de granja en granja, de rollo eco y demás, consiente en que me lo quede, pero cuando ve una bolsa de cacahuetes sin declarar le hace menos gracia. Se me olvidó que la tenía, le digo con otra sonrisa. En realidad no se me había olvidado, te piden que declares la comida que vayas a entrar pero no tenía ganas de hacer más papeles, estoy agotada, y no pensaba que el reconocimiento hacia mi persona iba a ser tan extricto. Y en realidad si no hubiera viajado sola no lo hubiera sido. Me pregunta que cuánto dinero tengo, le cuento la verdad, todo el rato pienso en hechos reales y los reinvento rápidamente si hace falta, tan rápido que hasta yo misma no pueda darme cuenta para que no se note que miento, si me lo creo yo se lo creerá él. Me palpa bien cada cosita, le digo que llevo un multiusos para cambiar de tema...Toy muy tranquila, soy una buena chica, me digo todo el rato. Me revisa meticulosamente el apartado de las medicinas, me revuelve todo un poco y mientras le sigo hablando, como que no me importa que mire todo lo que quiera... aunque me vienen flashes de que en su momento guardé ahí el hachís, una buena lámina del aplastadito en alguna de las medicinas. Y me repito que si no lo encontré yo no lo va a encontrar él. Bueno, todas mis cosas están esparcidas por la mesa. Por un momento quiere hacerme tocar la guitarra para ver que la llevo por algo, menos mal que desaflojé las cuerdas porque me dijeron que con la presión del avión se podían romper y le explico que afinarla me llevaría un tiempo...y que en cualquier caso sólo estoy aprendiendo. Bueno, estoy tan tranquila y con una bonita y sincera sonrisa que el policía al final, sólo al final, también me sonríe. Ya puedo recoger mis cosas. El interrogatorio y la inspección han terminado.

Llevo 2 semanas en Melbourne, con Hyden y Katie que han cuidado mucho de mí...y yo de ellos. Ayer me vino la regla, punzante como hacía tiempo. Llevaba varios años tomando la píldora y me he dado un descanso hace unos meses. No me acordaba de lo que me dolía, de los cambios en mi estado de humor, de mis emociones intentando controlar mis pensamientos y mis actos, está siendo muy interesante encontrarme otra vez con mis hormonas porque con la píldora casi todos los síndromes premenstruales se disipan. He aprendido a controlarlos bastante bien estos meses y consigo buenos resultados, es muy curioso estudiar como cambia mi comportamiento...para quedarme de todas maneras más tranquila voy a ver si me he traido ibuprofeno. La caja de estos pain killer está sin estrenar, la abro y cuál no será mi sorpresa al encontrarme la famosa gran tola de hachís pegada en su interior!!! Madre mía!! Qué perfección la mía! je. La caja parecía sin abrir, con un precintito y todo. Por eso el poli justo esa caja no la abrió!

Hayden y Katie dicen que me hubieran devuelto derechita a España sin explicaciones de ningún tipo, con la notita negra de acompañamiento de wellcome no more a Autralia!

Pasado el susto nos hemos reido mucho los tres! Sobre todo porque aquí hachís no hay! Y este es del muy bueno. Me dicen que puedo sacar pasta vendiéndolo porque aquí sólo hay maríhuana pero estas cosas están para disfrutarlas.

Pienso mucho en lo importante de transmitir buen Karma, buenas emociones que atraen otras tantas. Pienso en India, todavía no he escrito lo que me pasó allí. Empezaré hoy.