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jueves, abril 18, 2013

Pasando página

Cuando mi madre murió, bueno, no exactamente cuando murió, sino algo más tarde, mi padre nos dijo a mis hermanos y a mí que eligiéramos algo con lo que quedarnos de entre los colgantes y pulseras que le habían pertenecido. Yo, entre otras cosas, me quedé con un colgante de madera, muy lindo, que si mal no recuerdo le había traído mi hermano Manolo de Brasil. Era un colgante de varias piezas de madera, en listones redondeados que disminuían de tamaño conforme se alejaban del centro. La gente lo veía y me decía que era muy lindo. Incluso escribí un artículo sobre él.

El otro día lo regalé. Como práctica de no apego. Hace aproximadamente un año decidí ser más consecuente y ofrecer cualquier colgante o pulsera que llevara encima, si alguien mostraba algún interés por ello. Ese alguien a veces lo aceptaba como regalo y a veces no. El otro día un amigo me comentó que le gustaba el colgante que llevaba puesto, y se lo di.

Mientras se lo ponía le conté la historia del colgante. Me emocioné. Es difícil ser hombre algunas veces, este condicionamiento de 'Los hombres no expresan sus sentimientos y, por supuesto, no lloran' sigue estando muy presente en mí, así que no lloré desmesuradamente, pero sí que se me humedecieron los ojos. La mujer de mi amigo, en eso las mujeres también nos llevan ventaja, lo notó, y le tradujo a mi amigo la historia del colgante (yo hablando en inglés, ella traduciendo al bahasa). Me emociono ahora que lo escribo en papel.

Creo que también me siento culpable porque no sé hasta qué punto el no apego es el camino a seguir, y a lo mejor estoy traicionando la memoria de mi madre actuando de esta manera. Claro que probablemente este sentimiento de culpabilidad sea un truco del ego para reafirmar su identidad. Whatever.

El caso es que estoy pasando página. Que no significa olvidar a mi madre, creo, sino más bien que afloren mis sentimientos de pena, mirarlos a la cara y darme a mí mismo la oportunidad de aceptarlos.

lunes, febrero 28, 2011

El Sentido del Humor, Por Encima de Todo

Era sábado por la tarde. Mi madre había muerto por la mañana, en casa, rodeada de sus hijos, su padre y su marido. Luego los preparativos, arreglar el traslado del cuerpo, el velatorio, el sepelio al día siguiente. Mis hermanos en casa vistiéndola, mimándola por última vez, consolando a mi abuelo. Más tarde nos juntamos en casa todos, y mientras preparábamos la comida vinieron a por el cuerpo.

Estábamos comiendo juntos, en silencio. Yo sentado en el sitio en el que siempre se sentaba ella. Era noviembre, y en la mesa estaban las participaciones de la lotería de Navidad que todos los años mandaba la peña de la que soy socio para que las vendiéramos entre los conocidos. Mi hermano observó los tacos.

- ¿Eso qué es, la lotería de la peña de este año?

- Sí, sí, la lotería de la peña.

Y no se lo pensó mucho antes de decir:

- Llévatela esta tarde al velatorio, seguro que la vendes toda. Cuando la ofrezcas, nadie va a atreverse a decirte que no.

jueves, diciembre 25, 2008

Reacción

Iba bajando las escaleras hacia la Calle Mayor, sobre las 3 de la mañana. Al fondo esperaban dos chavales, de no más de 20 años, con síntomas evidentes de haber bebido. Uno llevaba un botellín de cerveza en la mano.

- Perdona, ¿tienes un euro para dejarme?

- Sí, claro, respondí mientras abría la cartera. Saqué el euro y lo deposité en su mano abierta. Cogió el euro y sin soltarme, me dijo:

- Dame más. Dame todo lo que tengas.

- Sí hombre, ya te he dado un euro, no te voy a dar más.

- Pues a ver si voy a tener que sacar la navaja..., dijo al tiempo que se metía la otra mano en el bolsillo y agachaba la cabeza.

Esto ya me cabreó. En estos días no ando muy fino emocionalmente, y sólo me hacía falta que dos niñatos, a los que encima les doy un euro por la cara, me vengan con amenazas. Así que le dí un empujón y me lo quité de encima. Me miró algo sorprendido, y yo le sonreí.

- Venga, saca la navaja.

Dudó un poco, mirándome fíjamente, como si no hubiera comprendido.

- Hoy es un buen día para morir. Tan bueno como otro cualquiera. Así que saca la navaja. Vamos a divertirnos.

El otro le agarró del brazo y tiró de él.

- Venga Santi, déjalo. Vámonos.

El tal Santi se dio la vuelta y se alejaron, mirando de vez en cuando hacia atrás y farfullando no sé qué sobre el día que me cogiera solo (supongo que se refería a él solo, porque yo ya lo estaba) y de que esa noche había tenido suerte. Esperé a que desaparecieran y luego me fui para casa.

Y es que la gente en el fondo no tiene cojones.

miércoles, diciembre 10, 2008

Espera

Son las 6'15h de la mañana. Estoy sentado en un pasillo de la planta tercera de la Fundación Jiménez Díaz, esperando que en un rato despierten a David y a su padre. Supongo que será en unos quince minutos, porque los bajan a quirófano a las 7'30h. A David comenzaron a fallarle los riñones hace tiempo, y tras muchos análisis y burocracia (al parecer aquí en España las donaciones de riñones las tiene que aprobar un juez, aunque sean de tu padre) hoy le operan a las 8 de la mañana. Así que me he venido temprano, en parte porque ayer le dije que me iba a venir a verle por la tarde y al final me lié tomando café, regalando libros y montando un círculo energético. Las cosas son como son, supongo. Y esta mañana a las 4'30h ya no podía dormir, me he duchado y me he venido. Por cierto, que estoy regalando las cosas de mi habitación, así que si queréis algo decidlo. Tenéis hasta principios de febrero.

Y aquí en el hospital, pues me acuerdo de mi madre. Acabo de volver de Badajoz, mi abuelo estuvo ingresado una semana. Este último año he andado un rato de hospitales, mi madre, Amelia, mi abuelo y ahora David. Los hospitales cansan mucho, mi abuelo decía que como le cogieran ya no lo soltaban. Afortunadamente lo soltaron, cinco días después. Ahora anda algo pachucho el pobre, con una ronquera que según él ya no suelta hasta que se muera. Que ya está viejo. Y lo que le pasa es que está asustado. Desde que murió mi madre.

Llorar está bien, pero a los tíos nos cuesta un mundo. Dámaris dice que para las chicas resulta más fácil porque el período les supone unos cambios emocionales más bruscos, que es como hacer borrón y cuenta nueva. Yo estuve llorando el sábado, que nos fuimos de setas a Cercedilla. Con setas resulta mucho más fácil todo. Ella me preguntaba, 'Elfi, ¿estás bien?' y yo le decía que sí con la cabeza, y los ojos llenos de lágrimas. Lloré por todo un poco, aunque me habría gustado llorar más. Los tíos nos avergonzamos de llorar, no eres un hombre si lloras, tienes que mantenerte fuerte y mantener emocionalmente al resto de la familia, y sólo se disculpa en casos muy extremos. Pero no está bien. La tristeza, el llorar, es un sentimiento intenso y necesario, que hay que saber explorar, y que te libera. A mí me cuesta llorar. Supongo que será un condicionamiento emocional que tendré que ir superando. Poco a poco.

Las 12'00h. Han salido para informarnos de que a Antonio le están poniendo una epidural para que no le duelan los puntos, así que con él ya han acabado. Parece que va todo más rápido de lo previsto. Está todo el mundo mucho más relajado, con mucha más confianza. Son las 23'00h en Auckland, la capital de Nueva Zelanda. Y la marquesa debe estar de siesta (si durmiera siesta). Se está pasando el tiempo muy rápido. Con suerte, quedan menos de dos horas.

Las 13,20h, todo ha salido bien. Antonio aún sigue grogy y David está en la UCI. Me voy a casa. A dormir.

miércoles, agosto 13, 2008

WAKE UP! LLAMAN A LA PUERTA

Estoy lo que se dice comiendo techo, tirada en un colchón de migas de chocolate y galletas. El silencio invade la habitación y su recuerdo mi mente. Llaman con unos golpecitos a la puerta. Sé que no puede ser él pero el “y si fuera” me hace levantarme de un salto desparramando el café por el suelo. Con el corazón a mil abro la puerta. Un encapuchado con las manos agarrándose los codos está al otro lado.

- Lucas? Eres tú?

El encapuchado no me responde y desesperada por la intriga le echo la capucha hacia atrás. Unos ojos negros, puede que los más bonitos que haya visto nunca, me miran fijamente. Sus labios pálidos me dicen:

- Pero no decías que Lucas no merecía ni tu desprecio? Qué no querías ni que se enterase de tu muerte!

-Sí, bueno, ya se sabe como va esto del amor...le odio pero le quiero.

-Así no va el amor.

No puedo dejar de pensar que quizás sea la mirada más interesante que me he cruzado en mi vida. Me hundo en su inmensidad sin poder apartar los ojos. Mareada por el vértigo le respondo vagamente.

-Sí, supongo...pero a falta de amor verdadero bienvenidos estos entretenimientos, si no sería todo muy aburrido...o no...yo que sé.

- Bueno, he venido a buscarte, estás lista?

Atónita le miro inquisitivamente, quién es éste peregrino con el que estoy hablando en el rellano? Tiene la piel color canela, barba de tres días, es alto y adivino unos pectorales cubiertos de bello. Mi mente le proyecta sin el hábito y sonrío tontamente.

- Oye, no sé quién eres...

- Ya lo creo que sí, me acabas de llamar.

Intento recordar...si hubiera visto antes esos ojos no se me hubieran olvidado.

- Perdona, no estarás buscando a Diana, la vecina de arriba.

Mientras se lo pregunto me proyecto también en su contestación: “No, te busco a tí”.

-No, vengo a por tí.

No puedo contener ahora una gran sonrisa de alegría y curiosidad.

-A mí? Qué vendes?

-Más bien qué compro.

-Qué compras?

Me imagino que me quiere comprar a mí.

-Digamos que vengo a comprarte a tí.

Mis ojos si que son expresivos ahora. Compruebo que no haya ningún error.

-Vaya...a la mejor me confundes entonces con la de abajo...se gana una pasta extra acostándose con tíos de vez en cuando...

-Mira, nunca ando bien de tiempo, si me invitas a pasar hablamos claro.

Y cómo le voy a decir que no? Nos sentamos en el colchón que está en el suelo del comedor, muy juntos porque no es muy grande. Respiro su cuerpo pero no huele a nada.

-Hace un rato me llamaste, querías venirte conmigo porque ya no aguantabas más aquí, recuerdas? Querías desaparecer y morirte...no sabes vivir sin amor.

Este tío me descoloca y me encanta esa sensación cuando conozco a alguien.

-En tal caso debes de ser el Amor o la Muerte.

Ahora es él quién se baña en mi mirada, me penetra hasta dentro y puedo sentir una oleada de frío dentro de mí, seguida otra de intenso calor, otra de frío. Me pregunto cómo sabe lo de Lucas.

-Prefiero que seas el Amor, porque para la Muerte siempre hay tiempo.

-Pues entonces deberías pensar antes de pensar qué deseas. Me has hecho venir para nada...Quiero decir que encantado de conocerte en persona, pero triste de que me no me quieras tanto como yo pensaba.

Qué sonrisa tan bonita, mezcla de serenidad y satisfacción. Le ofrezco un té pero no quiere nada.

- No me irás a decir que eres la Muerte...no esperaba verte tan pronto.

- Algo así... soy lo que aquí no se llama vida...lo que no se llama realidad pero que es mucho más real que esto...

-Pareces un flipaó de Matrix.

- Buena aproximación...Sólo que tú ya te has tomado la pastilla roja y sin embargo sigues aquí, en este colchón, lamentándote porque no tienes alguien a quién abrazar. Yo hace tiempo que estoy allí, quizás esperándote.

- Sí, tienes razón, intento que las emociones no me dominen...pero es que a veces me parece que todo es una broma...que hay alguien ahí que nos ha puesto a Lucas y a mi delante para que no nos gustemos como pequeños seres humanos pero nos amemos espiritualmente...

Me mira muy fijamente, su mano se ha apoyado en mi rodilla.

- Otra vez una buena aproximación. Verás, la energía que tenéis Lucas y tú en el universo, antes de que el random cósmico os utilizara como energía interna de dos personas, estaba en perfecto equilibrio cuando estabais juntas...Pero encerrados en vuestros cuerpos no podéis reconoceros, apenas intuiros, tendríais que desapegaros de vuestra vida aquí para daros cuenta de lo que está pasando en realidad...vuestras energías se atraen pero vuestros cuerpos hacen de muro...me entiendes?

Joder, cómo me pone la Muerte, un compañero único de tertulia.

- Sí, descubrir el truco y jugar con el mago. Romper los hilos y dejar de ser marionetas, conseguir la libertad del espíritu.

-Los personajes que representáis aquí no debería impedir el Amor...pero lo hace, no?

Me quedo pensativa un rato.

-Sí, supongo que ninguno hemos descubierto aún el truco, aunque yo cada vez observo más atentamente los movimientos de cada mano, de cada carta...Cada vez veo más que todo encaja como un puzzle sideral. Pero si es que le gusta Rocky 6!!

Nos echamos a reír. Nuestras cabezas se han apoyado de lado en los cojines del colchón, nos miramos muy de cerca mientras conversamos. Tengo unas tremendas ganas de besarle, pero como siempre pienso que esperaré a ver si él me besa primero. Aunque esta vez creo que va a ser diferente. Acerco mis labios a los suyos, despacio pero con seguridad, y noto como el también se acerca a los míos. Cuando están a punto de rozarse me dice:

-Sabes, me gustaría no tener que decirte esto, me gustaría dejarme llevar por lo que siento y hacerte el Amor durante horas...pero tienes que estar segura de a quién estás besando... porque después ya no hay marcha atrás.

-Me estás hablando del beso de la Muerte?

-Sí.

Nos damos la mano al tiempo que separamos nuestros cuerpos. Me echo a reír.

-Vamos, no me jodas. Hace siglos que no deseo besar a nadie como a tí en este momento y vas y me dices que si te beso me muero. Jo, no sé que hacer. Besando a Lucas no siento esto, pero a cambio sigo aquí...y no me va tan mal.

Se levanta muy despacio del sofá y me levanta suavemente de la mano que seguimos teniendo entrelazadas.

-Escucha, no deberías desear la Muerte, todavía no estás preparada. Me alegro...Aunque me hubiese dado tanta paz que vinieras conmigo...no te imaginas como fluyen nuestras energías allí juntas, esto de ahora no es ni una calada enteógena.

-Y porqué no te quedas aquí?

-Puf, también nos iría muy bien...pero yo pasé por aquí hace ya mucho, no hemos coincidido en el tiempo...en este momento no es posible que vuelva.

No puedo resistir las ganas de besarle, de abrazarle, de pedirle que se quede, de decirle que me lleve. Amor significa Muerte. Me mira dulcemente y luego empieza a reír. Qué decir de su sonrisa! Se la quiero comer.

-No te preocupes, sobra decir que volveremos a vernos. Espero que la próxima vez sea para besarnos. Pero por ahora no le des vueltas, es mejor que te quedes.

No sé ni que decir. Quiero y no quiero que se vaya. Nos miramos y nuestras caras brillan y sonríen.

-Hasta luego entonces.

Le veo alejarse hacia la puerta y cuando se cierra voy a la ventana para verle caminar por la calle. Tras varios minutos nadie sale del portal. Claro, es la Muerte, habrá subido por el tejado para llegar a su casa.