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domingo, septiembre 02, 2012

Letras breves

Letras Breves es una publicación trimestral que comenzó en verano de 2010. Son poemas y microrrelatos propios y también hay algunas colaboraciones. Se publica bajo licencia Creative Commons, por lo tanto se puede compartir libremente. Desde aquí se pueden descargar todos los números. Estás listos para imprimir por dos caras en horizontal y para doblarlos como un tríptico.

lunes, agosto 20, 2012

Medallas

Hoy he soñado con un mundo diferente. Era una sociedad en la que no se miraba a las personas por su rango sino por su valía, su compromiso, su formación y su esfuerzo. En las organizaciones primaba el trabajo en equipo bien desarrollado y se buscaban objetivos comunes. Cada individuo, cada uno de los eslabones, era parte importante de la cadena y todos eran apreciados y necesarios.
Desafortunadamente desperté de mi sueño con el brillo de una vieja medalla, ganada de forma más que dudosa, deslumbrando mis ojos. Una medalla colgada en el pecho de un lagarto que pasa sus días tirado al sol con la barriga bien llena, en su reserva de animales protegidos. Me avergoncé de mi propia ingenuidad y me dije: “¿tanto tiempo aquí y todavía no has aprendido las reglas del juego?”
En ese momento, unas palabras desagradables y estridentes mostraron la ausencia de galones en mi hombro y pararon mis pies, pero no consiguieron amedrentarme ni enmudecer mi lengua.

viernes, agosto 10, 2012

Medir las fuerzas

Cuatro chicos de un curso superior la habían tomado con él. Era bajito, delgado y con gafas. Cada recreo le robaban el bocadillo y se lo comían delante de sus narices. Nunca lo denunció a ningún profesor. Un día, después del recreo, los cuatro gamberros tuvieron que ser atendidos en la enfermería con fuertes dolores de barriga y una diarrea imparable. Eso les enseñó a no volverse a meter con el hijo del farmacéutico.

miércoles, agosto 01, 2012

El invento

Inventó un aparato para medir el amor. Le pareció un descubrimiento maravilloso, pero al probarlo pudo ver, con espanto, los niveles verdaderos de este sentimiento. Muy a su pesar, destruyó el artilugio y prefirió que el mundo siguiera alimentándose de hipocresía.

domingo, julio 29, 2012

Objetivos

Vivía encadenado a las obligaciones y las prisas. Su existencia se limitaba a acaparar bienes que rara vez podía disfrutar. Un día oyó a alguien que dijo: “De aquí a cien años, todos calvos”. Desde entonces ha vuelto a sentir la brisa fresca con la que amanece cada día y trabaja lo imprescindible.

miércoles, julio 25, 2012

Nadando entre tiburones

Nos piden más sacrificios. Nos exigen que nos apretemos el cinturón, que hagamos más por menos y que renunciemos a los derechos adquiridos tras mucha sangre derramada y largos años de lucha. Nos hacen culpables de sus culpas. Sin embargo, en ellos no vemos respuesta, ningún gesto que nos anime, nada. Los ladrones y estafadores siguen haciendo de las suyas protegidos por el sistema. La justicia mira para otro lado y algunos que dicen representarla, también se llevan su buena parte del pastel. Se ataca al débil y el poderoso queda indemne. El aire huele a veces a otras épocas que creíamos superadas.

Nos toca pagar la factura de lo que otros han roto. Del despilfarro no se ha beneficiado el pueblo, nos han engañado y solo unos pocos bolsillos han tenido buena cosecha. Los demás hemos vivido en un espejismo, embobados por el brillo falso y efímero de los fuegos artificiales, persuadidos por palabras dulces que pronunciaban lenguas bífidas. Ahora los ricos son más ricos, los pobres más pobres y la clase media está agonizando.
Ha quedado demostrado que no funcionan las medidas tomadas, que a lo único que nos llevan los despropósitos del gobierno es a la más absoluta ruina y a hipotecar nuestro futuro y el de nuestros hijos. Encima se rien de nosotros y de los harapos que nos visten. No nos respetan y nos insultan desde las tribunas a las que han llegado gracias al pueblo. Los ciudadanos somos trozos de carne flotando en un mar turbio que está infestado de tiburones. Nadie nos explica de qué va esto y los que debían protegernos nos ponen el pie en el cuello para hundirnos más.
Ya hemos soportado bastante. Es el momento de salir a la calle, de gritar, de llamarles a la cara lo que son y de exigirles responsabilidades.

sábado, junio 30, 2012

Vocaciones extrañas

Llegó a casa cargado de pinturas, lienzos, pinceles y un caballete. Compró el mejor material que pudo. Vació una habitación y en el centro dispuso todo lo necesario para trabajar. Cuando se sentó frente al lienzo en blanco, con la paleta de pintura en una mano y un pincel en la otra, se dio cuenta de que no sabía pintar.

miércoles, junio 20, 2012

Mejor no tener cimientos

Un edificio se construye sobre unos cimientos que jamás se mueven. Si eso llegara a ocurrir, estaríamos ante un temblor de tierra o un terremoto, lo que significaría que el edificio tendría muchas posibilidades de sufrir graves daños y, en el peor de los casos, que se viniera al suelo. No hace falta contar las devastadoras consecuencias de un terremoto de intensidad, porque en nuestra memoria conservamos imágenes muy recientes de este tipo de catástrofes naturales.
Hace muchos años yo era de los que pensaba que la vida se asentaba sobre apoyos firmes e inamovibles y que sobre ellos tendría que construir mi “hogar”, es decir, mi existencia y el día a día. Pero el tiempo ha transcurrido y he aprendido que los pilares que creí firmes, se han movido bajo mis pies. Sin embargo, ni he sufrido daños de gravedad ni me he derrumbado.
Esto me lleva a una conclusión: o los temblores de tierra que he padecido no han sido lo suficientemente fuertes o mi hogar no está sustentado sobre columnas, sino que habito en una autocaravana, que si bien puede parecer más incómoda o más pequeña que otro tipo de casa, es mucho más divertida y ligera, además de permitir una movilidad extraordinaria.
Aunque parezca extraño, he ido madurando esta forma de pensar con el paso de los años. La experiencia me ha enseñado que en el día a día no hay cimientos firmes en los que enraizarse y cualquier intento de buscarlos queda reducido al fracaso más notable o a la condena de unas cadenas terribles, porque después de todo, el que se ata a algo firme, está construyéndose una prisión de la que luego será muy doloroso y complicado escapar.
Viendo cómo están las cosas, prefiero seguir recorriendo la vida en este vehículo. Me siento muy a gusto y así he conseguido afrontar una serie de situaciones complicadas o raras y he logrado salir de encrucijadas oscuras con bastante holgura y sin demasiados rasguños.
Cuando se viaja de esta manera, se puede huir de las borrascas, de los huracanes, del frío, de la sequía y de otros azotes de los elementos, mientras que cuando se habita en un edificio bien agarrado a la tierra, no queda más remedio que aguantar lo que va llegando y cruzar los dedos para que en una de esas no se venga todo abajo con nosotros dentro.
En definitiva, una autocaravana puede estar mucho tiempo aparcada en el mismo sitio, anclada en el mismo rincón del mundo, pero siempre tendrá el depósito lleno para recorrer nuevos caminos en un momento dado.

jueves, junio 14, 2012

Costumbres desagradables

Anabel no soportaba el vicio de su compañera Pepa de leer en voz alta las esquelas del periódico. Se recreaba haciendo comentarios sobre la edad de los finados de turno y la comparaba constantemente con la suya. No ahorraba en detalles escabrosos sobre las causas posibles de las defunciones. Por suerte para Anabel, aquella costumbre se perdió el día que apareció publicada la esquela de Pepa en el diario local.

martes, junio 05, 2012

Unos vecinos intolerantes

Tengo unos vecinos que no aguantan nada. Entiendo que si montáramos escándalos constantemente, estuvieran mosqueados, pero lo que no entra en mi cabeza es que las tres veces en un año –siempre en sábado- que he tenido visita en casa, me hayan llamado la atención en cuanto el reloj ha pasado de las doce de la noche. Como pueden imaginar, no es que en mi casa pongamos la música alta, o contratemos a algún grupo de percusionistas, o nos juntemos cincuenta personas bailando en el salón, ni mucho menos. Me refiero al ruido que pueden hacer dos familias con niños tranquilamente reunidas. Lo curioso del tema es que de estos vecinos me separan dos plantas. Pero todavía me puedo dar por conforme, porque llegaron a denunciar en su día al del cuarto (ellos viven en el primero) por un perro que ladraba de vez en cuando. Les he oído muchas veces protestar por los llantos del bebé que vive en frente, por los niños que juegan en el patio, por la verja exterior cuando alguien entra o sale del edificio, por el sonido de pasos en las escaleras e incluso porque la gente de ducha por la mañana temprano. Es algo fuera de toda lógica. Su intolerancia es terrible y son un grano infestado dentro de la convivencia normal de una comunidad de vecinos.
Creo –y cualquier día se lo digo- que se han confundido de vivienda. Para ser felices, tenían que irse a una cabaña en mitad del monte, muy alejados de cualquier núcleo de población y de cualquier contacto humano. Y pueden dar gracias que vivimos en un barrio relativamente tranquilo. No sé que hubiera sido de ellos si estuvieran en otras zonas más conflictivas de la ciudad.
Cuando cuento estas cosas, recuerdo la vieja historia de aquel señor que estaba dormido. Su sobrino, para gastarle una broma, le untó el bigote con un trozo de queso apestoso. Cuando se despertó, renegó de todo el mundo porque decía que olía mal donde quiera que iba y se enojaba con el que se cruzaba en su camino, sin saber que el problema estaba en él mismo.
La próxima vez que vea a mis vecinos del primero, les recomendaré que se laven el bigote con bien de agua y jabón, a ver si acaso.

jueves, mayo 31, 2012

Cuando fuimos tan crueles

A la hora del recreo, hay siempre un niño solo en el patio. Todos los demás juegan mientras él se refugia en un rincón. Mira a los otros con una mezcla de envida, admiración y vacío, muy quieto, como si temiera ofender a alguien. Tiene nueve años y ya sufre la herida que tendrá abierta toda su vida. Es diferente a los demás y lo rechazan por eso. No se le dan bien las matemáticas, ni la lengua, ni siquiera la gimnasia. Sin embargo, no le falta una sonrisilla en la cara cada vez que alguno le llama por su nombre, aunque sea para burlarse de él.
Lo recuerdo así, paradito, mirando fijamente con aquellos ojos grandes y desproporcionados. Eran principios de los años ochenta y estábamos en cuarto curso. Por entonces las cosas funcionaban de otra forma. Había un profesor al que le gustaba ridiculizarlo delante de todos. Le hacía que se tumbara en el suelo, que saltara, que cantara con su vocecilla aguda, que hiciera el mono... Los demás nos reíamos a carcajadas y aquellos momentos eran los más felices del día en nuestros pequeños y crueles corazones. Ahora me parece que fui cómplice de algo horrible, pero yo era “normal”, como mis compañeros, y había que despreciar al diferente. Existían normas no escritas que justificaban nuestra conducta.
Vergüenza. Ese es el sentimiento que sobrevuela mi cabeza cada vez que algún recuerdo al azar me trae las imágenes de aquel niño que un buen día desapareció del colegio y que nunca más volvimos a ver. Finalmente supimos que sus padres habían aceptado la realidad y se lo habían llevado a otro sitio donde le pudieran ayudar. Por desgracia, del profesor solo conservo su estampa despiadada. No digo que aquel hombre no tuviera también valores positivos, pero jamás me llegaron a calar sus enseñanzas.

domingo, mayo 20, 2012

El miedo

El miedo es el título de uno de los relatos más conocidos del escritor uruguayo Eduardo Galeano. En el mismo describe magistralmente, en apenas cuatro líneas, el sufrimiento de un pequeño conejo de indias al que le abren la puerta de la jaula. Cuando el animalito ve la posibilidad de escapar, le produce tanto terror lo que hay más allá de los barrotes, que se queda quieto, en su sito, temblando.
Los políticos, reforzados por los medios de comunicación, se dedican a pregonar a los cuatro vientos lo mal que van las cosas, el déficit tan tremendo que sufrimos, el número de parados, la falta de solvencia económica, la pobreza... y aún vaticinan tiempos peores. Uno se imagina el futuro a corto plazo como un Apocalipsis terrible.
Si bien es cierto que estamos sumergidos en una grave crisis, parece que unos y otros pretenden usar estos argumentos para justificar cualquier tipo de recortes, de rebajas salariales y de disminución en los derechos sociales que tantos años de lucha han costado conseguir. Infunden miedo en la gente, en el ciudadano de a pie, que se ve al borde de un abismo oscuro y desconfianza en el emprendedor, que no se atreve a dar el primer paso por no hundirse en arenas movedizas. El miedo echa raíces en cada individuo, que a su vez se encarga de contagiar a otros. El temor al futuro nos está encadenando, enjaulando en un presente en el que nos dedicamos a vivir con el espíritu mermado.
En estos tiempos, parece que el cuento de Galeano está más de actualidad que nunca. Somos como el pequeño conejo de indias, que ante el desconocimiento de lo que hay más allá y ante las perspectivas que otros auguran, ni siquiera se plantea dar un paso hacia un nuevo horizonte, hacia un destino que de alguna manera controle.
El miedo nos tiene paralizados y mientras tanto, quienes se aprovechan de las circunstancias, siguen haciendo caja.

jueves, mayo 10, 2012

Elegir

Hay muchas ocasiones en la vida en las que es complicado decantarse por una postura determinada. Elegir un camino condiciona y más cuando uno titubea en la encrucijada, sobre todo si los argumentos de las partes enfrentadas tienen razón. ¿Puede ser algo blanco y negro a la vez? Si entendemos la verdad como relativa, sí.
Me parece que a mi edad, tengo las ideas asentadas, pero sobre esa base más o menos fuerte, se construyen torres de cristal que amenazan con desmoronarse con la brisa más leve.
Hace mucho tiempo —tendría yo unos veinte años—, creía tener unos principios sólidos, asentados sobre rocas firmes. Veía a mi alrededor a mucha gente perdida, sin ese faro que marca con claridad el rumbo a seguir en las noches más cerradas. Pensaba que tenía suerte porque no era como esos pobres naúfragos que buscaban en mitad de la nada un tablón al que agarrarse. Estaba contento con mi forma vivir. Pero habitaba entonces en una isla y no lo sabía. Mi mundo estaba separado de los otros y sin se consciente, había construído mis pilares en terreno volcánico.
Lo que ocurrió después, cualquiera se lo puede imaginar. Primero fue un temblor de tierra, suave, casi inapreciable, luego un latigazo y al final, la temida erupción que arrancó de raiz mis cimientos.
Por eso digo que es tan complicado elegir, porque los principios en los que se fundamenta el pensamiento pueden cambiar con un movimiento bajo los pies. Nadie está exento de esto y de hecho, vemos ejemplos a nuestro alrededor cada día.
Esta reflexión viene a cuento porque he llegado a la siguiente conclusión: me cuesta adoptar una postura determinada. Hay momentos, en los que con toda rotundidad, señalo mi preferencia, pero hay otras muchas veces, en las que no sé por dónde ir. Entonces me siento molesto, porque no solo pienso en mí, sino en lo que los demás pensarán y ahí está mi verdadero dilema y mi error.

lunes, abril 30, 2012

Formas de corrupción

El ser humano es corrupto por naturaleza. En toda sociedad, por muy democrática y avanzada que sea, siempre existen ciertos individuos que se aprovechan de las circunstancias y de su posición para el beneficio propio y de los suyos. Y de esto tenemos un montón de ejemplos a lo largo de la historia. La tolerancia a esa corrupción es directamente proporicional al nivel de vida de la ciudadanía. En época de vacas gordas las cosas, aún siendo graves, lo parecen menos y se ven de otra manera.
Hoy es diferente. En la situación económica y social actual, los casos que surgen sientan como una bofetada. La gente, que está harta de apretarse el cinturón y de vivir con estrecheces, clama todo el peso de la justicia para quienes se envuelven en estas tretas.
Pero hay una corrupción distinta a la que voy a llamar corrupción moral. Me refiero a esas conductas, que si bien no son ilícitas, son completamente indecentes. Hace unos días, nuestro máximo representante, el primero de los españoles, ha dado un espectáculo lamentable que ha sido reprobado en medio mundo. Es muy fácil hablar y pedirle sacrificio a los ciudadanos mientras uno se prepara para participar en cacerías solo aptas para millonarios.
Luego dirán que se cuestiona el papel de la monarquía, pero con la que está cayendo, la actitud de varios integrantes de la familia real en los últimos meses, patriarca incluido, es vergonzosa.
Me siento engañado por unas personas, que no nos equivoquemos, están para servirnos y no al contrario. Las imágenes del monarca que han circulado por internet parecen sacadas un tiempo en el que los reyes daban rienda suelta a sus caprichos a costa de los oprimidos súbditos.
Todo el mundo se equivoca, pero estas cosas no deben suceder nunca.

miércoles, marzo 21, 2012

Día Mundial de la Poesía




LA VERDAD DE PINOCHO

He llenado un saco
con las palabras de Pinocho
y las he arrojado
desde el balcón
del palacio.

Hartos de discursos
llenos de vacíos
los ciudadanos festejan
las mentiras
verdaderas.

Víctor M. Jiménez Andrada

21 DE MARZO. DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA.

lunes, febrero 06, 2012

Órbitas

Asisto, atónito, al juego de cambios que se está viendo estos días en el diminuto cosmos en el que flotamos. Parece que el que ha estado cerca del poder no quiere perder el calor que le generaba la estrella que orbitaba y busca, apagada ésta, otras que brillen, sin importarle muy bien la procedencia ni el color.

No hay escrúpulos cuando se intenta mantener, a cualquier precio, cierta posición cómoda dentro de este universo cada vez más podrido y lleno de basura. Poco importan los principios y los valores cuando se interpone una nube de intereses personales que eclipsa la mejor de las intenciones.

He visto, con espanto, como en algunos círculos se evita la crítica y la verdad, para no molestar al que está sentado en el trono y para seguir contando con las migajas de una limosna miserable.

La honestidad pasa prendida en la cola de un cometa y muy pocos son capaces de distinguirla en su vuelo rápido y fugaz por un cielo contaminado. Solo me queda el consuelo de que una masa formada por millones de asteroides venga con furia a provocar un nuevo Big-Bang, cada vez más necesario.

Víctor M. Jiménez Andrada

jueves, diciembre 15, 2011

La traición

Fraguaron la traición en su ausencia.
Aprovecharon la oscuridad de la noche, la soledad de la casa y el frío de las sábanas para el ataque letal. Cierto era que los balances marcaban pérdidas terribles, pero de malas situaciones habían escapado otras veces. Mientras, en la distancia, se dejaba adular por los vasallos de los traidores. Entretenían sus horas y le ofrecían los mejores vinos con falsas sonrisas.
En las sombras se afilaban los cuchillos.
No pudo escuchar los gritos agonizantes del animal. Deseaban que sufriera y lo hicieron lentamente.
Se despertó sobresaltado en la madrugada, quizás en el mismo instante en el que la desgraciada criatura dejaba de respirar. Entre las tinieblas de la resaca intuyó lo que había sucedido. Llamó a sus amigos y compartió sus sospechas. Todos decían no creerle, pero algunos, los más cercanos y malvados, cruzaban miradas de duda y espanto. No se podían explicar aquel presentimiento. Tuvieron miedo de su ira.
Cuando regresó a Ítaca, consultó el libro de cuentas y en las últimas hojas, las gotas de sangre confirmaron sus temores. No vertió ni una lágrima. El cadáver nunca apareció. Lo habían enterrado en la cueva más profunda.
No esperó la celebración de los funerales y se marchó para siempre, antes de que algún amigo aprovechara la palmada en el hombro para hundirle una daga por la espalda.
Desde la distancia, volvió la vista atrás. Su vida pasada se había convertido en un páramo estéril que se alejaba cada vez más. Sonrió y siguió su camino sin olvidarse de arrojar el libro de cuentas al fondo del río que marcaba la última frontera.

miércoles, diciembre 07, 2011

Sala de espera

Tenía cita a las diez y media y eran más de las once.

—Por eso nos llaman pacientes —pensó mientras un ratón le roía los pilares de la cordura.

No pudo reprimir una sonrisa irónica. Había cinco personas en la sala de espera que charlaban. Él se mantenía en silencio, odiaba aquellas conversaciones vanas y estúpidas. Intentó concentrarse en el libro que tenía en las manos. Consiguió leer un par de páginas, pero pronto su cabeza voló por un cielo lleno de incertidumbre. Se abrió la puerta de la consulta y salió el paciente que estaba en su interior. Luego apareció la enfermera y leyó un nombre de la lista que portaba. Alguien se levantó y la siguió. Cerró el libro definitivamente. Los minutos goteaban lentos. Casi no había dormido las últimas noches y el cansancio se le incrustaba, como un terrible replicar de campanas, en las sienes. Alguien más llegó, era una mujer joven. Se sentó en la primera silla vacía, sacó una revista de un bolso grande y se puso a leer.

—Si no me llaman pronto me voy a volver loco —acompañó el pensamiento con un suspiro profundo. Su gesto provocó la mirada desconcertada del anciano de la silla de al lado.

La puerta volvió a abrirse. Salió el paciente y tras él, la enfermera. Esta vez pronunció su nombre, recreándose en cada sílaba. Su vida se acababa de convertir en una bifurcación y él no podía elegir el camino.


Víctor Manuel Jiménez Andrada

viernes, diciembre 02, 2011

Órbitas

Asisto, atónito, al juego de cambios que se está viendo estos días en el diminuto cosmos en el que flotamos. Parece que el que ha estado cerca del poder no quiere perder el calor que le generaba la estrella que orbitaba y busca, apagada ésta, otras que brillen, sin importarle muy bien la procedencia ni el color.

No hay escrúpulos cuando se intenta mantener, a cualquier precio, cierta posición cómoda dentro de este universo cada vez más podrido y lleno de basura. Poco importan los principios y los valores cuando se interpone una nube de intereses personales que eclipsa la mejor de las intenciones.

He visto, con espanto, como en algunos círculos se evita la crítica y la verdad, para no molestar al que está sentado en el trono y para seguir contando con las migajas de una limosna miserable.

La honestidad pasa prendida en la cola de un cometa y muy pocos son capaces de distinguirla en su vuelo rápido y fugaz por un cielo contaminado. Solo me queda el consuelo de que una masa formada por millones de asteroides venga con furia a provocar un nuevo Big-Bang, cada vez más necesario.


Víctor M. Jiménez Andrada
Publicado el 29/nov/2011 en Cáceres en tu Mano

domingo, octubre 23, 2011

Recital poético en Madrid


(Se suspende el recital de San Sebastián de los Reyes previsto para el viernes día 28)