domingo, julio 29, 2012
martes, junio 26, 2012
Adoctrinando a la Juventud VI
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martes, septiembre 29, 2009
Contactos y Relaciones
Como algunos sabréis por esta entrada, durante mi estancia en NZ pasé un par de semanas en Owaka, en la granja de una familia muy feliz de nombre Los Dreavers (caray, suena a serie de libro juvenil). También sabréis que anduve de viaje mes y medio por Australia con una chiquita española afincada en Wellington a la que por aquí llamamos la nena. Bueno, pues una amiga de la nena ha ido a hacerle una visita a NZ, y ni cortas ni perezosas se han alquilado una furgoneta y se van a recorrer las dos islas en 20 días. Y el primer lugar que han visitado ha sido Los Catlins, donde han permanecido unos días con los Dreavers. Os dejo una foto de tan feliz acontecimiento.
De izquierda a derecha, Judit, La Nena, Sam, Kaitlyn, ¡MATHEW!, Stu y Jackie.
Salu2 a tod@s.
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martes, junio 09, 2009
Cadena Mundial por la Legalización
Graba tu vídeo y súbelo
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lunes, junio 08, 2009
Help Yourself
He vuelto a Wellington para tocar en el concierto que organizó Joe. La actuación transcurrió sin pena ni gloria, la gente aplaudía cuando paraba de tocar, pero más creo yo porque de repente no había sonido y algunos amigos aplaudían y vitoreaban, y como todo el mundo estaba de buen rollo pues se dejaban llevar. Lo lógico si toco el penúltimo, sólo con el didgeridoo y los shakers y entre bandas que nos hicieron movernos como posesos (una banda latina, otra gypsie balkan, otra afrobeat...). Pero todo siempre merece la pena, me gustó tocar con micro, me gustó tocar delante de gente (voy recuperando las tablas, que ya casi no me acuerdo de mi época de estrella del rock), alguno hubo que escuchó y se dio cuenta de lo versátil que puede ser un didgeridoo. Al final no existen buenas o malas experiencias, sólo experiencias. Está en nosotros sacar algo positivo de ellas. Todo está en nuestra percepción. Si te doy una bolsa de pipas, puedes decir, vaya mierda, las pipas hay que pelarlas, qué coñazo. Si le doy esa misma bolsa a un muerto de hambre, no habrá ninguna queja. La acción es la misma, la percepción es distinta.
Lo mejor del fin de semana fue sin duda el reencuentro con la marquesa. Sigue bien, y se iba ahora a hacer un retiro vipassana de diez días, uno de esos en que no puedes hablar, ni escribir, ni leer, ni llevar tu propia comida. Creo que tampoco puedes tener contacto visual, así que le dije que si se cruzaba con alguien y ese alguien miraba hacia el suelo, le estaba queriendo decir “I’m disabled!!!”, una broma particular, sacada de IT Crowd. Se echó a reír y me dijo que era un cabrón, que ahora cuando se cruzara con alguien durante el retiro se iba a descojonar, y que eso no era serio.
He estado tentado de irme con ella, pero es en Northland, de donde acabo de venir, y no me apetece estar de nuevo dos días a dedo, sin garantías de llegar a tiempo. Así que me quedo en Wellington una semana y el lunes o el martes me cojo el avión a Sydney. Igual en un par de años vuelvo para el hangi en los Catlins. Igual entonces vengo antes, en Noviembre o Diciembre, para pillar la primavera, compro una furgona con kayak y tabla de surf en Auckland, y cuando me vaya la vendo. Igual vengo con la Xina.
Hoy me he venido a correr con Shamira a la playa. Joe me ha dejado sus zapatillas, que son una talla 43 cuando yo uso una 39-40. Son cómodas pero me han salido un par de ampollas en la planta de los pies. Shamira se ha vuelto a casa corriendo, porque tenía una reunión, yo he aprovechado y me he quedado por aquí, con la excusa del cansancio y las heridas en los pies, escuchando el mar y escribiendo este post. Todo es una cuestión de percepción.
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viernes, junio 05, 2009
Jugando con la luna
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jueves, mayo 28, 2009
Hitchhiking en Las Antípodas I
Llevo dos meses moviéndome por Nueva Zelanda a base de autostop. En general ha sido bastante sencillo, aunque las últimas veces se están demorando demasiado en recogernos, quizás porque ahora somos dos, quizás porque ahora estamos en la isla norte. Quién sabe. El 27 de este mes Heike se vuelve a Alemania, y en principio vuelvo a estar solo, entonces veremos si se debe a una causa o a otra, o no tiene que ver con ninguna de las dos.
Es importante saber situarse en un punto en el que los coches te puedan ver desde lejos, que llevas equipaje y así tengan más confianza en ti, y tengan sitio para parar detrás tuya. Esto último es especialmente importante, porque todas las carreteras que interconectan distintas ciudades de por aquí son de un solo carril, incluidas las autopistas. De vez en cuando hay una señal que reza 'Zona de Adelantamiento, x metros', y entonces el carril se divide en dos, y la x indica la longitud de dicha zona. Pero como digo, en general hay un solo carril, por lo que los coches que vienen detrás necesitan espacio suficiente para pasar al coche que para sin invadir el otro carril. Y por supuesto hay que tener paciencia. En la isla sur normalmente no tenía que esperar mucho, pero en la isla norte con Heike las esperas se nos están haciendo eternas. Como en general no tengo prisa no se hace excesivamente duro, aunque es bastante cansado ver pasar coche tras coche sin que pare ninguno, algunos te saludan, otros te sonríen, pero ninguno te recoge, y ahora quieras que no me siento algo responsable, porque Heike hasta este momento viajaba en autobús y si está haciendo autostop es porque yo quiero, claro que en última instancia es su elección. Y si a veces se pone algo nerviosa le doy un abrazo y le digo que le quiero mucho y ya está. Y al final siempre hay alguien que te recoge, y estás tan contento que no piensas en el tiempo que has estado esperando.
Los viajes de Christchurch a Waitati y de Milton a Te Anau los hice en autobús. De Waitati a Milton me acercó Louise, mi primera host de helpx. Un cielo, Louise. Pero luego en Fiorland decidí probar el autostop porque todo el mundo con quien hablaba del tema me decía que aquí en Nueva Zelanda funciona muy bien, así que el viernes que dejé el backpackers en Te Anau cogí la mochila (otra cosa importante es que la mochila no pese demasiado por si tienes que caminar un rato buscando un buen sitio para hacer dedo), el didgeridoo y la bolsa de Marruecos y cuando salí de la ciudad me puse a esperar. Pasaron algunos coches y como a la media hora paró un chico alemán que estaba tres semanas de vacaciones y había alquilado el coche para moverse más rápido por la isla. Creo recordar que en un par de días se juntaba con su novia, que venía de Alemania también. El chaval no iba para Queenstown, sino para Dunedin, pero me hizo un recorrido de unos 80 kilómetros hasta Lunsdem, y en general fue bastante simpático. A la media hora de dejarme se puso a llover, pero afortunadamente diez minutos antes un nativo de Queenstown me recogió en su furgoneta. Detrás llevaba un ciervo que había cazado el día anterior, y me habló de cuando estuvo viviendo en Inglaterra, Holanda y Andorra. Según parece también hizo bastante autostop en Europa, y una vez yendo hacia Barcelona le recogió un tipo que era dueño de un restaurante, que al llegar a la Citat Condal le invitó a cenar y le dio alojamiento, y desde entonces siempre para para recoger a la gente. Estuvimos hablando de Queenstown, la temporada de esquí, y de cómo en sus montañas se rodó gran parte de El Señor de los Anillos, de que casi todos sus amigos habían hecho de Hobbits en la película, y de que muchos anuncios que luego se emitían en Europa se rodaban allí.
- Todo el mundo en esta jodida ciudad tiene un agente. Yo tengo un agente. Hasta él, dijo señalando a su perro, tiene un agente.
Los dos siguientes desplazamientos los hice con conocidos. El primero, de Queenstown a Wanaka, fue un trayecto de unos 50 kilómetros por carretera de montaña con una pareja de taiwaneses que habían estado de couchsurfing en la misma casa que yo. El chaval invadía el carril contrario de forma sistemática cada vez que tenía que coger una curva.
- ¿En China y Taiwan es habitual esto que haces de invadir el carril contrario para coger las curvas?
- Es que así es menos cansado. Pero antes me aseguro de que no viene nadie de frente.
- Pues cuando vayas para Europa no lo hagas, porque es ilegal y te pueden multar.
Estoy seguro de que aquí también lo es, pero no quiero parecer demasiado pedante cuando además me están llevando gratis. El segundo fue con una amiga de Linda, la chica con la que hice helpx en Wanaka. No me acuerdo de cómo se llamaba, Bárbara quizás, pero hicimos buenas migas y como ella iba para Queenstown no le importó coger el camino de la autopista y dejarme en Cromwell. Allí volví a hacer autostop y de nuevo me recogieron justo antes de que se pusiera a llover, en este caso un señor mayor que me preguntó de dónde era y que si el palo que llevaba era una caña de pescar. Tenía un acento muy cerrado, o quizás era mi oído el que estaba cerrado. Por decir algo le pregunté sobre el tiempo que íbamos a tener los próximos días, y como contestación estuvo hablando sin parar durante diez minutos. Yo no me enteraba de nada, así que de vez en cuando soltaba algún 'ajá' o un 'yeah', o sonreía en los momentos que me parecían apropiados. Lo único que le entendí fue algo relacionado con Rusia, Moscú, dos vías lácteas, la nieve y que había estado trabajando en las montañas, o algo así. Tras una pequeña pausa y como parecía que le apetecía hablar le dije 'Actually, here you have a lot of mountains'. El tipo me miró con aire grave y contestó: 'Absolutelly', y ya no paró de hablar hasta que llegamos a Alexandra. Iba muy despacio y cuando otro coche venía por detrás reducía aún más la marcha y se arrimaba al arcén para facilitar el adelantamiento. De Alexandra me llevó al cruce con la StateHighway 1 otro señor que conducía un todoterreno y arrastraba un mini velero. Le gustaba navegar, sus hijos estaban en una competición de seis meses alrededor del mundo, y ahora estaban en Europa. Si les iba bien en algunas regatas algunas marcas les esponsorizaban las siguientes, y él les había dicho que adelante, que ahora que eran jóvenes era una buena oportunidad para ver mundo. Su hija estaba estudiando en Dunedin, y aunque no lo tenía muy claro quizás probara a hacer algo de prospección de tierras. Él también había estado en España a principios de los 70.
Un estudiante universitario me recogió a los pocos minutos y cuando se enteró de que era español me contó todo ilusionado que él quería ir al País Vasco, porque competía cortando troncos y sabía que allí era un deporte muy popular. Su especialidad era la velocidad, esto es, a ver quién cortaba un tronco más rápido, supongo que a base de eliminatorias, como un torneo. Otra prueba era cortar varios troncos, pero eso llevaba más tiempo y no era lo suyo, entiendo que en este caso se podría catalogar como prueba de resistencia. Si hay algún vasco leyendo esto y que nos lo pueda aclarar, yo personalmente le estaría muy agradecido. Le dije que en el País Vasco también levantan piedras y juegan a la pelota vasca, aunque esto último se lo tuve que explicar porque no lo conocía.
Mis siguientes viajes fueron de Owaka a Dunedin, que me llevo Stu, Dunedin - Timaru, que fui con Richard y Gina, y Timaru - Christchurch, que lo hice con Amanda. Todos estos no cuentan como hitchhiking porque fueron con amigos o familiares de amigos, así que no tuve que hacer dedo. Mención especial para Amanda, que se desvió 20 kilómetros de su recorrido para dejarme sano y salvo en casa de Eric y Caroline.
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Juegos de palabras
- A los españoles no se os entiende cuando habláis porque lo hacéis con la boca cerrada. Debe ser porque sois muy vagos.
- Es que así reservamos energía para otras cosas.
- Of course, to eat and to fuck.
- And don't forget, to drink.
Hice una pausa.
- Also, to run in front of the bulls.
Heike me miró con aire irónico.
- No, sentenció, to run behind the balls.
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miércoles, mayo 13, 2009
Adoctrinando a la juventud II
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miércoles, mayo 06, 2009
La importancia de un abrazo
Desde siempre he sido muy tímido cuando estoy en grupo. Suelo intervenir poco en la conversación, y cuando lo hago suele ser con miedo, con un hilo de voz o tan poca convicción en lo que digo que la gente, o no me hace caso, o pregunta a su vez: ‘¿Cómo dices?’. O a lo mejor cuando tengo algo que aportar no encuentro el momento apropiado, y cuando lo encuentro la conversación ha tomado otro rumbo y ya no tiene mucho sentido mi aporte intelectual.
- ¿De verdad que te pasa eso? Pues conmigo no te pasa.
- Claro, porque tú y yo no somos un grupo. Individualmente no tengo problemas, pero colectivamente me corto mucho. A veces estoy con gente, y si viene algún amigo tengo ganas de darle un abrazo, pero no me atrevo. Me da miedo que me diga ‘¡Pero tú qué haces!’, y me rechace.
- ¡Pues menuda tontería! A mí me encanta que me den abrazos. Tú no te cortes, verás cómo la gente responde. Así que espero que la próxima vez que me veas por ahí me des un abrazo.
Desde entonces lo he puesto en práctica, y la cosa funciona mejor de lo que esperaba. Al año siguiente de tener esta conversación, estando en Inglaterra, la gente venía al piso cuando se encontraba mal, a que les diera un abrazo.
---------------------
- Hola.
- ¡Hola! ¡Qué casualidad! ¿Vas también para Wellington?
- Sí, qué cosas, ¿no?
Pues sí, qué cosas. Nos habíamos visto dos días antes en un backpackers de Picton, yo estaba calentando agua para el té y ella cogió la tetera para rellenarla.
- No, no hace falta, la estoy calentando.
- Ah, perdona, es que no hay ninguna luz ni nada que lo indique.
- No worries. ¿Qué tal todo?
- Bien, bien en general, aunque llevo unos días regular, creo que es gripe, y físicamente no me encuentro muy allá.
- Entiendo. Escucha, ¿quieres que te de energía?
- ¿Darme energía?
- Sí, con las manos. Mira.
Coloqué mis manos sobre su espalda unos segundos.
- Gracias.
- De nada, mujer. Si esta tarde te sientes mejor, abrimos un negocio.
- Entonces, mejor que no me tome esto, sonrió señalando su vaso, porque no sabremos si es por la medicina o por la energía que me has dado.
- Mejor tómatelo, que todo ayuda.
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- ¿Cómo andas de la gripe?
- Igual, más o menos. ¿Y tú con tu energía?
- Como siempre.
Estuvimos hablando de todo un poco. De su trabajo, de que llevaba seis meses en Nueva Zelanda, de cómo cuanto más profundizo en el concepto de energía más me sorprendo, y más se sorprende la gente.
- ¿A qué te refieres?
- Pues que es asombroso cómo, gente que no cree en nada de esto, pongo mis manos sobre ellos, pero de forma natural, en medio de la conversación, y al rato me dicen, oye, qué me has hecho, que ya no me duele la espalda, o la muñeca. Y que sienten la energía, o lo que sea, fluyendo. ¿Tú sentiste algo?
- La verdad es que sí. Cuando me ofreciste darme energía mi primera reacción fue que no, porque un problema que puedes tener dando energía a la gente es que se acostumbren a recibirla siempre de otros en vez de buscar otras fuentes. Lo puedes ver normalmente en un grupo, que siempre hay alguien que coge energía de los demás. En mi caso ya te digo que mi primera reacción fue que no, pero luego dije, bueno, ha sido él quien me la ha ofrecido, a ver qué pasa, como un experimento.
- ¿Y qué pasó?
- Pues que sí sentí un montón de activación energética, claro que también pude ser yo que ante la situación provoqué esa sensación de forma inconsciente. De todas formas no utilicé esa energía porque no era mía. Pero si quieres podemos probar ahora, dijo tendiéndome la mano.
Seguimos hablando un rato, con su mano entre las mías, esta vez de cómo me sentía yo últimamente, de mi decepción con Golden Bay y Nelson, decepción provocada en último término por mis expectativas, de cómo parecía que el viento me empujaba hacia la isla norte, y de cómo sin embargo, en Picton, las cosas habían empezado a cambiar.
- De hecho, lo primero que me sucedió nada más llegar al backpackers fue encontrarme a un alemán y un italiano que compartieron su cena conmigo y me hablaron de las maravillas de Hopewell... ¿te encuentras bien?
- No mucho, la verdad, es extraño porque yo nunca me había mareado en un barco hasta que llegué al hemisferio sur, y aquí, cada vez que cojo un barco, me mareo.
- Bueno, pues te voy a dar de nuevo energía, a ver si ayuda.
Esta vez posé una de mis manos sobre las suyas y la derecha sobre su hombro. Seguimos hablando y al rato subí mi mano desde su hombro a su cuello.
- Anoche sin ir más lejos me puse a hablar con una chica inglesa, la que me había recomendado la ruta de por la mañana, y lo primero que me dijo fue que iba para Christchurch para cortar con su novio. Así que compramos una botella de vino y estuvimos hablando de la vida, las relaciones de pareja, de la evolución del concepto de relación a lo largo de la historia. Ella decía que quería llegar a los 60 con hijos y una familia, y que no quería arrepentirse en el futuro de haber tomado una decisión equivocada, porque de hecho su novio quería casarse y tener hijos, y aunque no fuera una relación perfecta, en realidad las relaciones perfectas no existían, y a lo mejor lo que había que hacer era perseverar y trabajar en la relación. Yo le decía que en última instancia la decisión que tomara no era importante, que lo realmente importante era que una vez que la tomara fuera consecuente con ella y no se arrepintiera pasase lo que pasase, porque de todas formas su vida posterior iba a estar llena de momentos buenos y momentos malos independientemente de esa decisión, y que todo dependía de la percepción de cada momento, no de decisiones pasadas.
- ¿Y qué pasó al final?
- Pues cuando terminamos la botella de vino me dijo que después de hablar conmigo se reafirmaba aún más en su decisión de cortar con su novio. Cosa de la cuál me alegro, no de que corte con él, por supuesto, sino de que haga lo que haga lo haga con convicción. Y por mi parte, pues me siento bien por ser útil.
Callamos un momento y aproveché para quitar mi mano de su cuello, pues no quería que se sintiera incómoda.
- No, no la quites, me siento mucho mejor si está ahí.
Estábamos llegando ya a Wellington. El ferry comenzó a reducir su marcha.
- ¿Y no te cansa estar dando continuamente energía, como anoche a esa chica o ahora a mí?
- Bueno, en realidad no estoy dando energía de forma continua, de hecho una de las cosas que me faltan mucho en este viaje es el intercambio de energía y conocimientos, y por otra parte, yo me veo más como un canalizador de energía que como un donador. Aunque un poco fatigado sí que termino. Lo que sí que hago luego es pedir un abrazo, si a la gente le apetece, y así me vuelvo a recargar.
- Ajá, y así a tu vez cierras el círculo.
- Supongo.
Así que nos abrazamos. Y cerramos el círculo. Y fue como volver a casa. El olor de su piel me recordó a las praderas fragantes de mi no-Extremadura. A las balas de paja amontonadas en otoño. A la tahona del pueblo de mi padre por las mañanas temprano, al olor del pan recién hecho.
- ¡Wow! ¡Gracias!
- Gracias a ti. ¿Me das otro abrazo?
- ¡Claro!
---------------------
Ahora Heike y yo estamos viajando juntos por la isla norte. Wellington, Raumati South, Napier, Rotorua, Coromandel... Nuevos lugares donde darnos nuevos abrazos.
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miércoles, abril 01, 2009
Clases de inglés
Hola a todos, el finde pasado estuve con una parejita de escoceses en Queenstown, él se llama Bob y da clases de inglés a través de skype, con webcam para que podáis verle la pronunciación, se adapta a todos los horarios y es muy barato (por ejemplo, una clase de cuatro personas sale a menos de 3€ la hora), además de la comodidad de poder estar en clase de inglés desde el sofá de tu casa tomando un café. Si queréis contactarle su nick en skype es bobsenglishteaching. Un saludo.
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27 de marzo de 2009, Balclutha, South Otago
Queridísima mamá:
Te escribo desde un café en un pueblecito de Nueva Zelanda. Al final hice como te dije, dejé la vida occidental y me vine para el este, pero en vez de en Asia estoy en Nueva Zelanda. Básicamente, en el 2006 conocí a unos kiwis que se quedaron una semana en casa y me invitaron a su boda. Así que he aprovechado ya para venirme.
Aquí hay un montón de naturaleza por todos lados. Llegué a Christchurch, que está al noreste de la isla sur, el 17 de febrero (aquí tienen dos grandes islas, la norte y la sur, y luego algunas islas pequeñitas). La boda fue el 20, en medio del campo, nos lo pasamos muy bien. Luego tiré para Waitati, más al sur, para hacer helpx. Helpx, como Wwoof, es un sistema por el cuál ayudas 3 ó 4 horas en casa de alguien y ese alguien te da a cambio comida y alojamiento. El trabajo no suele ser duro, yo hasta ahora lo que he hecho ha sido cuidar jardines, y de esta manera no gastas dinero y tienes tiempo libre. Bueno, pues después de Waitati bajé a Milton, ahí sí que me explotaron un poco, y luego tiré para la costa suroeste, a Fiorland. Aquello son lagos y montañas, es todo un parque nacional y no hay pueblos, sólo Manapouri y Te Anau junto a los lagos del mismo nombre. Todo lo demás es prácticamente virgen.
En Te Anau estuve haciendo una ruta un día (Keppler's Track). Aquí lo del turismo activo lo tienen muy bien organizado, demasiado bien, diría yo. Me explico, por ejemplo, la Keppler's Track te la puedes hacer en 3 ó 4 días, los puntos de acampada están establecidos al lado de los refugios, y siempre tienes que reservar y pagar con antelación. La ruta está muy bien marcada, y salirse de ella está mal visto. No sé, aunque sea un parque nacional, parece que la gente viene sólo a hacer la ruta, no hay nadie que pase el día simplemente en la montaña, hay demasiados matorrales quizás, no sé si me explico. Buno, yo me hice un día (3 horas p'alante, 3 horas p'atrás) y al día siguiente lo pasé descansando porque tenía las piernas llenas de agujetas. Me recordó a cuando jugaba al fútbol y tenía agujetas casi todos los días. Me llevé el didgeridoo, como siempre, y eso estuvo bien porque a veces me paraba a escuchar los sonidos y luego los intentaba imitar. De hecho estoy componiendo un tema basado en esos sonidos. Lo voy a llamar Te Anau - Keppler's Track :).
Al día siguiente me fui de kayaking a Doubtful Sound (por supuesto reservado desde el lunes) y fue también una experiencia muy interesante. Además nos llovió, lo cuál por una parte disminuyó considerablemente el número de mosquitos que se acercaban al kayak y por otra parte aumentó una 50 veces el número de cascadas que nos encontramos por el camino. Ver los fiordos desde dentro del propio lago contribuyó también mucho a mi paz interior.
Luego tiré para Queenstown. Iba a comprar billete de autobús, pero desde que estoy por aquí toda la gente me dice que hacer auto-stop es muy fácil, que te recogen enseguida. Así que me lié la manta a la cabeza y me puse a hacer dedo a las afueras de Te Anau. Es cierto que te cogen fácil, a la media hora paró un inglés que andaba de vacaciones por allí y que me dejó en Lunsdem, y media hora después me recogió un nativo de Queenstown que me acercó hasta la ciudad. En Queenstown estuve el fin de semana de couchsurfing con una parejita de escoceses muy maja, y el domingo subí con dos taiwaneses a Glenorchy, a hacer un día del Roteburn's Track. Esa misma parejita me acercó el lunes a Wanaka, a casa de otra señora para hacer más wwoofing. Wanaka es preciosa, rodeada de montañas nevadas a la orilla de un inmenso lago. Me he pasado esta semana cortando leña y caminando alrededor del lago. Ayer subí al Roy's Peak, 1.300 metros de desnivel y una caminata de seis horas y media. Así que hoy viernes vuelvo a tener las piernas doloridas.
Y nada, lo que te contaba, que esta mañana haciendo autostop he vuelto a Balclutha, cerca de Milton, porque el otro día una gente me vio tocando en la calle y me invitaron a una celebración maorí que hacen mañana, donde cocinan bajo tierra o algo así. Aprovecharé para pasar unos días en los Catlins, que así se llama esta comarca. Ya te contaré.
Como ves por aquí no me aburro. Ahorré bastante pasta en Madrid el último año, y entre eso y el gastar lo menos posible espero estar bastante tiempo por ahí. De vez en cuando volveré a casa a pasar uno o dos meses con papá y el abuelo, y luego me volveré a ir. Sé que no es lo que a ti te habría gustado, pero de momento soy feliz así, y supongo que cada uno tiene que seguir su camino. Verdades hay muchas, y el que a mí me vaya bien así no quiere decir que sea lo mejor para todo el mundo, sólo que es lo mejor para mí. De la misma manera que el que alguien sea feliz trabajando todos los días y con pareja, casa y coche no quiere decir que ése sea el único camino para ser feliz, es sólo uno de tantos. Pero hay gente que no lo comprende.
En casa, a papá le pregunté y me dijo que a él le parecía bien, que mientras yo fuer feliz él estaba contento. Luego hablé con algún amigo suyo y me dijo que en realidad estaba algo preocupado, pero que ellos mismos le decían que es una experiencia que me va a venir muy bien. El abuelo me decía que no me fuera (fíjate, el abuelo, el que nunca se ha metido en lo que hacemos o dejamos de hacer), que en vez de irme tan lejos me quedara con ellos allí en Badajoz, pero yo creo que lo que le pasa es que está asustado, porque primero te moriste tú y a los pocos meses la trapi, y está viendo muy de cerca la muerte. Pues sí, la trapi se murió, según el veterinario de anemia, pero el tío Antonio dice que fue una depresión de caballo porque ya no estabas tú, y yo creo que tiene razón. Además el abuelo ya empieza a tener achaques y el hecho de que ya no haya energía femenina en casa se nota mucho. Por eso he intentado llevar amigas a casa de vez en cuando, y papá y el abuelo lo agradecen, porque ya te digo que se nota. De la misma manera que nunca le agradeceré a Mar lo suficiente el que se quedara una semana en casa tras tu muerte. Sobre todo a la hora de comer y de cenar se notaba mucho que faltabas tú. Y el hecho de que estuviera Mar por allí suavizaba mucho la cosa. Luego, hasta Navidades, siempre estábamos Manolo,.Javi o yo por allí. Papá les decía a sus amigos que no les dejábamos solos. Y así, más o menos, lo van superando. Más o menos.
Papá todavía lo pasa mal, aunque ya sabes cómo es él, organizando las batidas, los viajes de jubilados, arreglando papeles... El abuelo va teniendo dolores, que si en la espalda, que si en el pie... Como ya no juegan a las cartas (supongo que es demasiado doloroso porque ya no estás tú) y recuerdo que decías que le venía muy bien para ejercitar la mente, estas navidades me fui al Corte Inglés a comprarle un ajedrez electrónico. Buscaba algo lo más sencillo posible, porque ya sabes que si el abuelo tiene que leer la pieza que le toca mover a la máquina y en qué casilla, al final se equivoca y no vuelve a jugar, así que buscaba algo como que iluminara las casillas de inicio y final, o algo así. ¿Y sabes lo que encontré? Pues un ajedrez en el que tú mueves tus piezas y un brazo-robot mueve las piezas contrarias. Así que es como si el abuelo jugara contra otra persona, pero mejor porque si se levanta para ir al baño, o a hacer algo en la cocina, o simplemente para ver la tele, el robot no protesta. Y luego puede continuar la partida. Bueno, pues al mover tu pieza tienes que apretar hacia abajo en la casilla en la que estás y presionar de nuevo en la casilla a la que te mueves, para que la máquina reconozca tu movimiento. Al parecer el abuelo juega mucho, así que es un buen regalo. Pero es que el otro día hablé con Manolo, y me dijo que se puso a jugar con el abuelo en un tablero normal, de madera, ¡y el abuelo presionaba las piezas contra el tablero al mover, como si estuviera jugando al ajedrez electrónico! Dice Manolo que se rieron mucho. Igual Manolo tendría que haber imitado al brazo-robot al mover, trrrrrrrrriiiiiiiii - trrrrrrrrrreeeeeeeeee...
Hablando de regalos de Navidad, este año he sido el único que ha escrito carta a los Reyes Magos. Desde que te fuiste ya no es lo mismo, aunque más o menos intentamos seguir la tradición. En mi carta decía que, como de todas formas estaba regalando mis cosas y me iba de viaje, era una tontería que los reyes me trajeran cosas que no me iba a llevar, que sí que me iban a hacer falta una buena mochila, un buen saco de dormir, unas buenas zapatillas y cualquier otra cosa que se les ocurriera y que me fuera útil para el viaje, como por ejemplo un termo. Y la siguiente vez que voy a Badajoz llega papá y me dice, Didgewind, Manolo te va a regalar el saco, Javi la mochila, yo las zapatillas y el abuelo el termo. Digo yo, eficacia alemana, pero a la española.
¿Te acuerdas de la niña de la que te hablé y que me duró sólo una semana? Bueno, pues hubo algo que me dijo cuando le conté que tenías cáncer y que andabas jodida, y fue que le había llegado mucho lo tuyo porque ella era Escorpio, como tú, y al parecer dicen que cuando un Escorpio se va, otro llega. Lo que pasa es que ya te dije que tras una semana no volví a saber más de ella. Pero este diciembre conocí a otra chica, también Escorpio, y los dos meses que hemos pasado juntos antes de irme han sido geniales. Te habría encantado, me la llevé a Badajoz y a papá y al abuelo le gustó mucho. El abuelo incluso me dice que le diga que les llame de vez en cuando, para ver qué tal está. Los últimos años parece que mis amantes son todas Cáncer, y mis amores verdaderos Escorpio. Aunque en este caso parece que la Escorpio vino y el Acuario se fue. Pero bien, aunque estemos separados seguimos en contacto, quién sabe, igual algún día se viene conmigo de rule por ahí. Ya veremos qué pasa.
Bueno, pues te dejo ya que al final me ha salido una carta muy larga, aunque es normal, hacía más de un año que no te contaba nada. Ahora a ver si donde estés puedes leer este blog, desde mi punto de vista en el momento en que mueres todas tus partículas se reparten colectivamente, y por tanto tu consciencia se reparte colectivamente también, así que cualquiera que lea esta carta estará contribuyendo a que tú también la leas. Quién sabe.
Venga, te dejo ya que si no al final me enrollo. Espero que te cuides donde quiera que estés,
tu hijo que siempre te quiere y te echa de menos,
dw
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domingo, marzo 15, 2009
Mad March Market Day, Balclutha
Una y cuarto de la tarde. Haciendo wwoofing he terminado un sábado vendiendo cristalería pintada a mano en un mercado que se organiza sólo una vez al año. Tras montar esta mañana, aprovechando que no había gente aún, me he acercado con Owen a la biblioteca, a comprar billete para Te Anau, lo fiordos y la naturaleza. Leer el post de la marquesa me ha recordado que hay tantas cosas por hacer, tantas sensaciones por descubrir y tantos sentimientos por explorar. Y que si te quedas parado estás muerto.
Christine ha consultado con la encargada del mercado y puedo hacer busking, así que saco el didgeridoo, dejo unas monedas sobre la tela que me regaló Elia y me pongo a tocar. Al principio nadie me hace mucho caso, pero cuando pasan unos niños empiezo con los overtones, les hace gracia y se paran. Eso hace que se acerquen más niños con sus padres. Juego un poco con los sonidos, hago que se rían. Los padres les dan monedas a los niños para que me echen. Se lo agradezco imitando sonidos de pájaros. A algunos les da miedo acercarse y se esconden tras las piernas de sus progenitores si les miro. ¡¡¡Vuelve a hacer el tu-tu!!!, me piden los más atrevidos. Les complazco y se vuelven a reír.
Los chavales sienten curiosidad por todo. Los mayores también, pero el hastío y años de condicionamientos sociales les tienen atrofiados. Quizás la marquesa tenga razón y sea más fácil observar el interior de un niño a través de su tercer ojo. La próxima vez que se acerque alguno lo intentaré.
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miércoles, marzo 11, 2009
Adoctrinando a la juventud
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domingo, marzo 08, 2009
Curiosidades de Nueva Zelanda
La primera cosa curiosa, por supuesto, es que se conduce por la izquierda. No es difícil acostumbrarse, pero a veces te despistas y sobre todo cuando giras a la derecha terminas encontrándote coches de frente. Y entonces te sitúas de nuevo disimuladamente en el carril de la izquierda, esperando que nadie se haya dado cuenta.
Consecuencia de esto es que en las rotondas se gira en el sentido de las agujas del reloj.
Además, los semáforos no tienen luces pequeñitas, de esas que están debajo y que permiten ver a los coches de la primera fila cuándo cambian a verde. Para darse cuenta de este pequeño detalle hay otro semáforo enfrente, después del cruce, que marca lo mismo que el semáforo principal. Por esta razón, cuando vas en coche y giras en un cruce a izquierda o derecha, tienes que ‘ignorar’ el semáforo que te encuentras, que estará en rojo, porque no te está deteniendo a ti, sino a los que quedan en ese momento detrás de ti y que esperan que dicho semáforo se ponga en verde para seguir de frente.
Por otra parte, y teniendo en cuenta de nuevo que aquí se circula por la izquierda, resulta curioso que si vas a girar a tu izquierda y el coche que viene de frente gira hacia el mismo lado (es decir, tu izquierda) entonces ÉL tiene preferencia, no tú. Esto es al revés del resto de países del mundo, por ejemplo España, donde si giras a tu derecha el de enfrente tiene que darte preferencia si está girando hacia el mismo lado. Esta norma atípica obliga a estar muy atento en Nueva Zelanda cuando quieras girar a la derecha en algún cruce, porque aunque tengas el semáforo en verde, los que vienen de frente y giran también a tu derecha están obligados a darte paso, pero no así los que siguen de frente.
Es algo confuso.
Otra cosa curiosa sucede a la hora de comer. Aquí la gente almuerza a las 12, cena a las 6 y no hay pan en las mesas. Todo eso es aceptable. Lo que ya no lo es tanto es que tampoco hay servilletas. Las servilletas se utilizan, según palabras textuales, “sólo en ocasiones especiales”. Supongo entonces que sólo se limpiaran las manchas de tomate “en ocasiones especiales”.
Y ya lo del cielo es una pasada. Si al mediodía te pones de frente al sol, entonces estás mirando al norte. En España estarías mirando al sur. Y si vuelves a mirar dos horas después, el sol se habrá desplazado hacia la izquierda, y no a la derecha. Esto quizás se perciba mejor con la luna, que se desplaza también de derecha a izquierda, y no de izquierda a derecha, como es lógico y natural. Siguiendo con el tema de la luna, aquí es honesta, y no una mentirosa, como en España. Ahora mismo tiene forma de C, por lo que está Creciendo, y seguirá creciendo hasta completar la O. Y en un par de semanas, al mirar la luna aquí veremos una D, mientras que en España se verá como una C.
Una vez que se ha asimilado lo de la luna, no sorprende demasiado que el firmamento esté como yo, es decir, boca abajo. No sé mucho de estrellas, así que aquí igual meto la pata, pero juraría que la Osa Mayor tiene la cola a la derecha y su rectángulo está a la izquierda, que Orión también está al revés y que las Pléyades se encuentran debajo y a la izquierda de Orión, y no arriba y a la derecha, como ha sido toda la vida.
Y ya por último, así que se me ocurra, cuando en España la gente se va a la cama (o a tomar unas copas) aquí nos estamos levantando, y viceversa. Aunque supongo que eso es más por las 12 horas de diferencia que por vivir down under.
NOTA POST POST: Como afortunadamente me han hecho ver en los comentarios, y en el menéame, la Osa Mayor no se ve en el hemisferio sur. Asumí que era como lo he publicado porque Orión sí que está al revés, y pensé que simplemente no era capaz de localizarla. Mea culpa por no documentarme antes.
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viernes, marzo 06, 2009
Prunning, weeding & trimming
Hoy ha tocado sol. Así que he salido al césped de mi nueva casa en Waitati, a escribir un poco. Son las 9:30h de la mañana del sábado, las 21:30h del viernes en España. Ulises y sus libros tocan hoy en la sala Taboo, en Lavapiés. Estaban ahora mismo haciendo las pruebas de sonido. Yo hoy lo dedico a ver los alrededores, unos amigos de Louise me recogen a las 12 y me llevan por ahí de paseo.
Waitati está situada en la costa sudeste de la isla sur, a 30km. al norte de Dunedin. Dunedin fue fundada por escoceses, la primera ciudad en Nueva Zelanda con universidad. Hoy en día ya no es la universidad con más estudiantes, esa distinción le corresponde ahora a Auckland, pero sigue siendo una referencia por aquí, sobre todo en cuanto al flujo de estudiantes extranjeros que vienen de intercambio, aunque parece que este año han venido muchos menos. Será por la crisis.
¿Y qué coño hago yo aquí?
Pues, de momento, podar, quitar malas hierbas y cortar. A través del Helpx (una página similar al Wwoof) contacté con Louise, una bibliotecaria muy maja que vive con cuatro gatos y un jardín que no le da tiempo a cuidar, por lo que a cambio de comida y cama, trabajo cuatro horas al día intentando arreglarlo.
¿Y qué experiencia tengo yo con jardines?
Ninguna.
Pero de eso se trata, de aprender. El primer día me pidió que podara una parte del seto con rosas y unas plantas con muchas hojas. Louise sabía queyo no tenía ninguna experiencia con jardines, sabía lo que se jugaba, y se fue a trabajar. Y yo me puse a podar :).
Comencé con calma, con mucho miedo de cortar lo que no debía. Poco a poco me di cuenta de que algunas plantas tenían el tallo demasiado largo y se enredaban las unas con las otras. Me dio la impresión de que estaba todo muy desordenado.
Hace tiempo que me apetece llevar orden a mi interior. Y hace tiempo también que me di cuenta de que me resulta mucho más fácil llevar orden a mi interior si existe orden en mi exterior. Por eso todas las mañanas, al rato de levantarme, hago la cama. De esa manera, cada vez que entro en mi habitación me resulta mucho más fácil relajarme (otra cosa son todos los trastos que tengo tirados por el suelo, pero al menos la cama está hecha).
Así que apliqué la misma teoría: lo que esté enredado, lo desenredo, y si está muy enredado (es decir, casi todo) lo corto y lo tiro.
A las dos horas había desechado la mitad del seto, pero me gustaba como había quedado.
A Louise también. Llegó de trabajar y me dijo que tenía muy buena pinta.
Mi conclusión es que estoy adquiriendo nuevos conocimientos a base de aplicar la experiencia que tengo en otras áreas.
Y que Louise hace un bizcocho de zanahoria delicioso.
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miércoles, febrero 25, 2009
WASP
Nueva Zelanda es un país extraño. Al menos en lo que al clima se refiere. Se supone que estamos a mediados de verano, el equivalente de agosto en el hemisferio norte. Y parece más que estemos en otoño. A veces. Porque de vez en cuando aparece el sol, y entonces hace calor. Todos los calcetines, las botas, los pantalones que han permanecido mojados los tres primeros días de boda se han secado en veinte minutos en cuanto ha aparecido el sol. Hemos tenido todo el día sol, pero eso sí, aunque vayas en camiseta sin mangas ten la cazadora a mano porque a veces se nubla, sopla el viento frío y parece de nuevo que va a llover. Y efectivamente por la noche llovió, y no paró de nuevo hasta la noche siguiente.
Pero es lo que tiene la vida de peter pan, te adaptas a las circunstancias y tiras palante. Así que tras llegar a Christchurch y recogernos Eric en el aeropuerto, sin deshacer las maletas cogimos al día siguiente carretera hacia Peel Forest, un parque natural en el centro de la isla sur, donde se iba a celebrar la boda. El entorno era precioso, todo muy verde y muy húmedo, aunque afortunadamente el primer día no nos llovió. Al rato de llegar nosotros apareció la camioneta con la carpa de alquiler, y a montar. Básicamente nos tiramos dos días preparando cosas, dos días de fiesta y otros dos desmontando y limpiando. Es decir, seis días de diversión, porque el trabajo físico bien enfocado es también diversión, y sobre todo meditación. Los dos días de fiesta se repartieron, a saber, el primero ceremonia, cena, fotos con los novios (aquí os dejo la nuestra) y baile ochentero con la familia hasta bien avanzada la noche (yo me retiré antes algo perjudicado, así que no sé si duró mucho más). Al día siguiente hubo barbacoa, los familiares se retiraron tras la comida y por la noche algunos amigos de la pareja estuvieron pinchando tecno, d&b y minimal hasta que nos acostamos.
Ahora ya de vuelta en Christchurch ando buscando granjas helpx o wwoof hacia el sur de la isla, antes de que entre el otoño y haga demasiado frío. Hay cosas para hacer con caballos, comunidades de permacultura y alguna granja con estudio de grabación.
Y aún queda todo por hacer.
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8:48 a. m.
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domingo, febrero 15, 2009
Más de 90 horas de viaje...
...que parece que están acabando ahora. Comenzaron a las 4,30h del lunes pasado en Madrid. Pasé el fin de semana anterior en Sevilla, con mi ángel, tocando con el Uli en la Malandar el viernes y viendo perder al Sevilla (y van esta temporada...) el sábado en el Pizjuán, encima contra el tercer. Ya esa misma noche comencé a sentir punzadas en la garganta, pero no les di importancia porque estaba fumando cigarros prestados que conseguí por ahí.
El domingo fuimos a ver a Enrique a Doble Zero. Enrique siempre tiene o un costo muy bueno o una hierba muy buenas, o ambos (para eso es la Grow Shop más antigua de Sevilla). Luego a comer a casa de mis tíos, luego al AVE de vuelta a Madrid, y por la noche, aunque ya me encontraba mal, a los baños árabes de Jacinto Benavente.
Es una putada estar malo, o en proceso de, y hacer algo que sabes que normalmente disfrutarías muchísimo pero que por las circunstancias sólo lo haces a medias.
Lo hice por mi ángel. Se me apareció a primeros de diciembre, y me ha ayudado a llevar estos dos meses pre-partida ofreciéndome una comprensión infinita, grandes dosis de paciencia y sobre todo mucho, mucho amor. Gracias cielo, y aunque pueda parecer fuera de lugar y sensiblero, quiero decirte que mi madre habría estado encantada contigo, al igual que lo están mi padre y mi abuelo.
Bueno, por mi ángel y por mí, qué coño. Aunque sea sólo disfrutado a medias, iba a ser mi última oportunidad en mucho tiempo. Y me gusta imaginarme entre los que apuran la última copa de vino. Hasta el final.
Y el lunes, parches de última hora en el curro, cerrar el coche, comprar las tres cosas que me faltaban, pa casa, cerrar la mochila, envolver el didgeridoo, dormir.
Olvidé mencionar que ese mismo lunes al mediodía comencé a tomar ibuprofeno. Una cápsula cada 8 horas. Para reducir la inflamación sin recurrir a los antibióticos.
Y así me pegué todo el viaje.
Lo primero que noté de forma consciente fue la falta de peso en los bolsillos. Siempre que salgo de casa, o a veces cuando voy por la calle, comrpuebo que mis dos bolsillos estén ocupados. En uno llevo el monedero, en el otro el móvil. Aunque a veces llevo uno vacío y el otro doblemente cargado, pero siempre las dos cosas.
Ahora ya no. Ahora llevo sólo el monedero. Lo que me deja por un momento desconcertado cuando me echo mano a los bolsillos y veo que uno está lleno, pero el otro no. Pero es sólo un instante, hasta que recuerdo que ahora lo normal es que esté vacío.
Lo segundo que he notado de forma consciente, consecuencia indirecta de lo primero, es que en el mundo hay muy pocos relojes públicos, incluso en los aeropuertos. Aunque no es algo que me afecte de momento, porque voy sin ninguna prisa.
Los vuelos intercontinentales son la polla. Y seguro que se disfrutan mucho más si no vas tomando ibuprofeno cada ocho horas deseando que ese intervalo termine pronto (más cuando sólo te quedan 2 ó 3) para poder meterte otro chute y que a la hora u hora y media te de el subidón de nuevo para poder interacccionar algo. Aunque prefieres pasar dormido la mayor parte del tiempo, porque así no te enteras del dolor, ni de las incomodidades. Pero como ya os digo en Singapur Airlines el vuelo es bastante ameno (tengo constancia de que en LAN sucede lo mismo, supongo que en el resto de compañías sucede igual). Para empezar tienes una minitelevisión por asiento con un mando interactivo. Puedes elegir entre más de 100 películas, episodios de series, videojuegos, mapa de ruta que te indica las condiciones internas y externas del avión (velocidad, temperatura...), los países por los que has pasado, los que te falta por pasar y el tiempo de llegada. Por otra parte en el avión de Barcelona a Singapur (hice Madrid – Barcelona – Milán – Singapur – Melbourne, aunque en Milán no cambiamos) conocí a una chica muy maja de Sevilla, Istar, con la que interaccioné más bien poco durante el viaje debido a mis condiciones físicas, pero con la que mantuve una conversación más que interesante sobre energía, percepción y los dos lados de nuestro cerebro.
Y ya, por fin, tras unas 30 horas de recorrido aterrizamos en Melbourne. Un par de horas antes me había tomado otro ibuprofeno para poder responder al menos con una sonrisa a los oficiales de inmigración (conforme la anestesia de cada dosis iba llegando a su fin comenzaba a costarme articular sonido alguno, hasta que me tomaba otra dosis y pasaba el tiempo de absorción, aproximadamente una hora). Pero afortunadamente no fueron muy estrictos conmigo. Cuando llegas a Australia te hacen rellenar un cuestionario, no tan absurdo como el que rellenas al entrar en EEUU, pero sí mezclando cosas como para pillarte, del estilo: ‘¿Está intentando introducir en el país fármacos, drogas o substancias ilegales que podrían estar sujetas a restricciones y/o control por parte de las autoridades Australianas?’. La primera reacción es decir a todo que no, claro, pero yo llevo medicinas (el ibuprofeno, por ejemplo) que no sé si están sometidas o no a control en el país. Así que marqué tres de las preguntas como que sí y el resto que no.
- ¿A la pregunta 1 ha contestado que sí porque lleva medicinas de uso personal?
- Sí, mi padre es médico y siempre que salgo de casa me obliga a llevar un mini botiquín de emergencia, contesté con una parodia de la mejor de mis sonrisas.
- ¿Qué tipo de comida trae?
- Galletas de chocolate para una amiga de aquí.
- ¡Ummmm, galletas de chocolate!
Ahora es la oficial la que sonríe. Vacía la mitad de mi mochila, me abre un par de cajas.
- ¿Conoce ustéd el dominó? Éste era de mi abuelo.
Al final lo único que me da problemas es el didgeridoo.
- ¿Esto qué es?
- Un didgeridoo
- ¿Un didgeridoo? ¿Lo compró ustéd en Australia?
- No, lo hice yo mismo, en España.
- ¿Lo hizo ustéd mismo? Se gira y vuelve con la hoja que rellené.
- ¿Podría ustéd leer la pregunta número siete?
La pregunta número siete habla de artículos de madera, semillas... No tengo que leer más, mi yidaki es de pita. Contesto sinceramente.
- Lo olvidé.
- ¿Lo olvidó? Es algo muy grande para olvidarlo, ¿no cree ustéd?
Sonrío cansado.
- Supongo que serán las 30 horas de viaje.
Me mira con escepticismo.
- Sí, supongo, contesta finalmente. Jane, ¿tienes unas tijeras para desembalar esto? Ustéd puede ir recogiendo todo lo demás.
Así que reempaqueto todo en la mochila mientras observo cómo la oficial intenta desembalar el instrumento, y al serle demasiado complicado, opta finalmente por destrozar el plástico, la caja y todo lo que encuentra por delante. Tras revisarlo unos instantes me lo devuelve.
- Muy bien, todo correcto, que tenga una buena estancia en nuestro país.
Observo los pedazitos de plástico y cartón que permanecen en la mesa y también yo decido cortar por lo sano, envolver en su tela el didgeridoo y olvidarme del embalaje.
- Disculpe, ¿hay algún sitio donde pueda tirar todo esto?, pregunto, señalando los trozos dispersos por el suelo.
- Oh, no se preocupe, yo me hago cargo.
Bueno, pues terminado. Cojo mis cosas y salgo. Y ahí está, esperándome, la marquesa. Mi princesa. Nos abrazamos.
- ¿Qué tal el viaje?
- Muy bien, algo cansado pero sobre todo por la garganta. No puedo casi hablar.
La marquesa se ríe.
- Es que el tabaco no es bueno. ¡Fuma sólo porros! ¡Sólo porros!
Me vuelve a abrazar.
- ¡Didgewind, que ya estás en Australia!
Cogemos un taxi. No me fijo mucho porque cada vez me molesta más la garganta. Cuando llegamos a casa decido que voy a comenzar con los antibióticos. Me meto en la cama y muero.
Resucito ayer sábado.
Entremedias, sueños lisérgicos, la marquesa cuidando de todo y una alpargata zarapastrosa de flemas en la garganta.
Y el martes nos vamos a Nueva Zelanda.
Afortunadamente tengo tiempo de sobra para conocer Melbourne. Hoy, mañana, o en cualquier otro momento del resto de mi vida.
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didgewind
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3:26 a. m.
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