domingo, diciembre 12, 2010
jueves, noviembre 18, 2010
Adiós a los caballos
Terminamos de cambiar la rueda y me dio unas servilletas para quitarme la grasa. Me puse otra vez con el cartel, porque aunque su matrícula era BG pensaba que iban llenos, pero reorganizaron el maletero, las tres niñas se pusieron detrás y Sasha me dijo 'Trae tu mochila, que te llevamos'.
Así que un día me hice 70 kms., y al día siguiente 470. Es decir, la mitad de mi viaje en dos días.
En Belgrado tenía un couchhost para el lunes, pero llegué el domingo, así que esa noche la pasé en otro hostal. Mi idea era descansar un par de días visitando la ciudad y conociendo su vida nocturna (Belgrado tiene fama de ser uno de los grandes sitios para salir de noche), para el miércoles seguir mi camino, parando en Nis o en Sofía, en función de quién me recogiera y a dónde me llevaran (Sofía me desviaba un poco de mi trayectoria pero una couchhost de allí había mostrado mucho interés en que fuera a verla, y aunque me desviaba algo hacia el este segúia dirigiéndome hacia el sur). Pero los planes cambiaron cuando al llamar a Marija el lunes por la mañana me pidió que la llamara 15 minutos más tarde, y al volver a llamar no obtener respuesta. Insistí ocasionalmente durante el resto del día mientras visitaba la ciudad, sin ningún resultado (ni ninguna noticia hasta ahora, espero que esté bien), por lo que volví a pernoctar en el hostal y terminé decidiendo pasar definitivamente por Sofía, donde parecía que sí que podría descansar y relajarme un par de días (veremos qué pasa, porque todo esto es muy extraño).
Belgrado es muy bonito, muy grande (con edificios monumentales, muy al estilo ruso, una fortaleza descomunal desde la que contemplar la unión de los ríos Danubio y Sava) y muy pequeño a la vez (el centro se ve muy rápido). De hecho, caminar desde mi hostal, en el centro, a la incorporación de la autopista hacia Nis me llevó muy poco, quizás una media hora, y enseguida me recogió un señor en una furgoneta que me acercó hasta el peaje. Allí a los 20 minutos paró otro señor que me trajo hasta Nis, a la gasolinera en que estoy ahora. 235 kms. y son sólo las doce y media del mediodía. Así que con suerte hoy mismo estoy en Sofía.
Tras otra hora caminando llegué a un restaurante de camioneros, donde paré a hacer posta y mediante señas conseguí que me sirvieran algo de comer y me indicaran dónde podía pasar la noche. 2 kilómetros más de camino y por fin llegué a otro hostal. Me duché y caí rendido, sumergiéndome con gran placer en un sueño largo y pesado.
El miércoles me levanté temprano y al ir a pagar fui informado de que en dicho hostal no aceptaban tarjetas de crédito. Como no llevaba encima euros suficientes, en un inglés muy rudimentario me explicaron que el cajero más cercano se encontraba ¡en Nis, a 17 kms. vuelta atrás en el camino! Respiré hondo. Nis. Con lo que me había costado llegar a Sicevo (donde me encontraba en ese momento) desde Nis el día anterior. No pasa nada. No tienes prisa. Todo es un aprendizaje. Sé consciente del momento. A ver. ¿Hay alguna forma de ir hacia Nis desde aquí? ¿Algún autobús? Sí, hay uno y pasa en 20 minutos. La parada está a 100 metros. Así que dejo mi pasaporte y todo mi equipaje y me dirijo hacia allí. A medio camino me doy la vuelta. ¿Aceptan euros en el autobús? No, no aceptan, y el chico de recepción me cambia 500 dinars por 5 euros. Cojo el autobús y en 20 minutos me bajo en cuanto veo un cajero. Pero no vuelvo directamente a Sicevo, qué coño, ya que estoy por aquí le voy a echar un vistazo a Nis. Lo primero, internet, a decirle a Iva que estoy en Nis y que con suerte llego hoy a Sofía. Después, visitar la muralla, un recorrido rápido que ya son las 10 y se me hace tarde. En la estación cojo el bus de vuelta al hostal, pago, cojo mis cosas y de nuevo a la carretera. Pasan más coches y ninguno para. Una hora. Hora y media. Como ya estoy aburrido saco el didgeridoo y toco un rato. A la media hora para una camioneta con un señor mayor que no tiene ni papa de inglés, pero es majo. Vamos como mucho a 60 kms./hora. Me deja en Bela Palanka, donde espero un rato, y nadie para. Camino hasta la siguiente curva, al lado de un poblado gitano. Dober dan, dober dan. Un chaval que habla inglés, Nene, me pregunta que qué hago allí. Luego vienen tres niños jugando con bolsas. Por señas me dicen que tienen 9, 7 y 6 años. Pasa una señora mayor. ¿Italiano? No, spagnolo. Ah, spagnolo. Señala el didgeridoo. Es un instrumento australiano (todo esto por señas y mezclando español, inglés e italiano. Yo. Ella, sólo serbo-croata). Toco un poco para ellos, los niños ríen, la señora sonríe. Me pregunta si quiero comer algo, le digo que no, hvala, que quizás luego. Se van y vuelve a pasar Nene. Que si no me coge nadie puedo coger un autobús hasta Pirot, de allí otro hasta Drimitrovgrado y uno más hasta Sofía. Que cada bus saldrá por 2 ó 3 euros. Que incluso me puedo montar en el tren de mercancías, darle 300 dinars al conductor y decirle que me bajo en Sofía. Le agradezco la información y le pregunto dónde puedo pasar la noche. Me indica un edificio en la ciudad, 'Aquello es un hostal, unos 10 euros'. Sigo esperando un rato más, pero ya estoy cansado, así que me dirijo hacia donde indicó Nene, y como no estoy seguro, le pregunto a unos chavales. Dos de ellos me acompañan, y entretanto nos entendemos hablando de fútbol (en ciertas partes del mundo el idioma universal no es el inglés; es el fútbol). No están seguros de dónde es, pero me acompañan hasta donde se encuentra un policía, quien muy amablemente me informa de que en Bela Palanka no hay hotel ni nada que se le parezca, que tengo que volverme a Nis o seguir camino hasta Pirot. ¡Aaarrrggghhh! ¿Y la estación de autobuses? A 500 metros. Así que espero media hora y cojo un autobús a Pirot. Al llegar me dirijo a un hotel, que cómo no, está a 2 kms. de distancia. Agotado del viaje entro en mi habitación (la única disponible), me ducho, me entretengo con un capítulo de 7 vidas (en el canal serbio) y me echo a dormir. Mañana no hago autostop. Mañana visito la ciudad tranquilamente y a las 15h cojo un autobús hasta Sofía. Mañana me relajo. Mañana será otro día.
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didgewind
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viernes, julio 31, 2009
Sólo se puede vivir en el ahora
En una de esas semanas en las que parece que las cosas no salen, que no encuentras donde quedarte, donde pasar la noche, donde echar una mano, donde aprender algo o a donde dirigirte, lo mejor es dejar de pensar y seguir caminando. Por ejemplo a donde hacía tiempo que quería ir, Coromandel, una península donde los kiwis me han dicho que hay mucha gente haciendo healing (sanación ).
Tras una pateada más por el amazing bush de New Zealand que me devuelve a la vida, hago hitchhiking (dedo) hasta Coromandel Town pero nada más llegar me doy cuenta de que no quiero estar allí y continúo con el hitchhiking hasta el siguiente a 50 kms, Whitianga, porque el sol acompaña a viajar. Y Drabs me para en su furgo con la que reparte langosta y nos ponemos a charlar y al final del viaje acabo en su casa, con sus compis de piso y una vez más doy con los barriobajeros del lugar.
Y me reciben con langosta (en casa de pescadores langosta y ostras!!! )y marihuana fumada con cuchillos calientes como fuman aquí, quemando los cogollos con los cuchillos al rojo vivo en una bombonita de gas, y aspirando con una botella. Lo que en el mundo moderno viene a ser un vaporizador.
Y aquí estoy, ayudando a Jammie a poner su barquito pesquero a punto porque tiene que pasar la revisión; lijar y pintar en el embarcadero bajo el sol.
En casa se fuma a todas horas y me doy cuenta de que sólo hace poco más de un año que dejé de fumar porros a diario y lo contenta que estoy de ello, la de tiempo que dedico ahora a otras cosas. Y digo que no durante todo el día, pero por las noches le pego alguna que otra aspirada a lo vapores de la peligrossa maríha...uhmmm Y con esto de la meditación con muy poquito me vuelo que no hay quién me devuelva a tierra por un buen rato y eso me impide estar con mis compis en casa así que me tiro a la playa, al mar, a la energía de las palmeras que me recuerdan que soy una cosita tan pequeña por fuera y tan grande por dentro y pierdo los filtros y veo el paraíso en el que "soy" borrando de mi campo de visión casas y pavimento. Llevo miles de años dando vueltas por aquí y todavía me creo que mi vida empezó cuando nací...Y como alcanzo altas vibraciones más rápido que antes veo el aire que me separa de la palmera como el sólido que me une a ella, las partículas se mueven entre nosotras y me rió una vez más de la locura del ser humano que se cree tan importante en este planeta, que no se da cuenta de que es una infinitésima parte en tiempo, que construye cementerios para que su cuerpo sea recordado para siempre...Sólo saliendo de matrix, dejando nuestro cuerpo y mente a parte, es cuando podemos ver que somos eternos, infinitos...pero para eso hay que despertarse en vida, que es muerte. Desenmascarar a la mente, pillarla por sorpresa, "te cogí" y liberarnos del sufrimiento que nos crea estar ciegos...
Cuando vuelvo a casa sonrío a mis nuevos compis y a los visitantes que siempre circulan por aquí. Con tanto movimiento (cambiando escenarios y personajes constantemente en este viaje) puedo practicar más fácilmente la honestidad y ofrecer la identidad que quiero sin demasiadas complicaciones, al menos con menos de las que me supondría hacerlo con quién conoce de antemano mis otras identidades y asume que esa soy yo y no otra...Me dicen que vaya al embarcadero, que está Judy, una chica de allí que habla español y me voy a hablar con ella que si la vida que si la reflexología que si viajar que si los idiomas que si la energía...y me mira y me dice:
- Sabes qué, me estás recordando a un español que conocí...toca el didgeridoo
Y se me ilumina la cara al oir su nombre "Didgewind"
-Sí, puede que nos parezcamos...fuimos compañeros de piso en Madrid.Nos queremos.
Y cuando vuelvo y lo cuento me sonríen y flipan y me dicen que no estoy aquí por casualidad, que estoy aquí para cerrar círculos de energía.
Y es que cada día es un regalo,una vuelta a empezar tras despertar del sueño que nos resetea el cerebro. Una caja de sorpresas en la que nunca sabes qué/quién/dónde te puedes encontrar por la mañana. Sólo hay que cerrar los ojos para ver, estar atentos a nuestro cuerpo y seguir las vibraciones.
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Lupa
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domingo, junio 28, 2009
2.800 kms en autostop
El viernes comence mi camino hacia el rainbow gathering en watsonville, queensland. Ese dia me cogieron 4 coches que me hicieron 352 kms. Ayer empece a las 6 y media de la manyana, con tres rides que me llevaron 406 kms. Hoy hago un pequenyo descanso, me voy a acercar a Currumbin Valley, al mercado, a ver si hago algo de pasta, y luego sigo mi camino. Ya solo me quedan 1.872 kms. Voy sin prisa, pero sin pausa. Y aqui en Australia es mucho mas jodido que te pare un coche que en Nueva Zelanda
Os dejo un mapa de lo que llevo hecho y lo que me queda. Pulsando en el enlace de abajo podreis hacer un zoom para verlo con mas detalle.
Pulsa en este enlace para visualizar el mapa con mas detalle
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didgewind
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jueves, mayo 28, 2009
Hitchhiking en Las Antípodas I
Llevo dos meses moviéndome por Nueva Zelanda a base de autostop. En general ha sido bastante sencillo, aunque las últimas veces se están demorando demasiado en recogernos, quizás porque ahora somos dos, quizás porque ahora estamos en la isla norte. Quién sabe. El 27 de este mes Heike se vuelve a Alemania, y en principio vuelvo a estar solo, entonces veremos si se debe a una causa o a otra, o no tiene que ver con ninguna de las dos.
Es importante saber situarse en un punto en el que los coches te puedan ver desde lejos, que llevas equipaje y así tengan más confianza en ti, y tengan sitio para parar detrás tuya. Esto último es especialmente importante, porque todas las carreteras que interconectan distintas ciudades de por aquí son de un solo carril, incluidas las autopistas. De vez en cuando hay una señal que reza 'Zona de Adelantamiento, x metros', y entonces el carril se divide en dos, y la x indica la longitud de dicha zona. Pero como digo, en general hay un solo carril, por lo que los coches que vienen detrás necesitan espacio suficiente para pasar al coche que para sin invadir el otro carril. Y por supuesto hay que tener paciencia. En la isla sur normalmente no tenía que esperar mucho, pero en la isla norte con Heike las esperas se nos están haciendo eternas. Como en general no tengo prisa no se hace excesivamente duro, aunque es bastante cansado ver pasar coche tras coche sin que pare ninguno, algunos te saludan, otros te sonríen, pero ninguno te recoge, y ahora quieras que no me siento algo responsable, porque Heike hasta este momento viajaba en autobús y si está haciendo autostop es porque yo quiero, claro que en última instancia es su elección. Y si a veces se pone algo nerviosa le doy un abrazo y le digo que le quiero mucho y ya está. Y al final siempre hay alguien que te recoge, y estás tan contento que no piensas en el tiempo que has estado esperando.
Los viajes de Christchurch a Waitati y de Milton a Te Anau los hice en autobús. De Waitati a Milton me acercó Louise, mi primera host de helpx. Un cielo, Louise. Pero luego en Fiorland decidí probar el autostop porque todo el mundo con quien hablaba del tema me decía que aquí en Nueva Zelanda funciona muy bien, así que el viernes que dejé el backpackers en Te Anau cogí la mochila (otra cosa importante es que la mochila no pese demasiado por si tienes que caminar un rato buscando un buen sitio para hacer dedo), el didgeridoo y la bolsa de Marruecos y cuando salí de la ciudad me puse a esperar. Pasaron algunos coches y como a la media hora paró un chico alemán que estaba tres semanas de vacaciones y había alquilado el coche para moverse más rápido por la isla. Creo recordar que en un par de días se juntaba con su novia, que venía de Alemania también. El chaval no iba para Queenstown, sino para Dunedin, pero me hizo un recorrido de unos 80 kilómetros hasta Lunsdem, y en general fue bastante simpático. A la media hora de dejarme se puso a llover, pero afortunadamente diez minutos antes un nativo de Queenstown me recogió en su furgoneta. Detrás llevaba un ciervo que había cazado el día anterior, y me habló de cuando estuvo viviendo en Inglaterra, Holanda y Andorra. Según parece también hizo bastante autostop en Europa, y una vez yendo hacia Barcelona le recogió un tipo que era dueño de un restaurante, que al llegar a la Citat Condal le invitó a cenar y le dio alojamiento, y desde entonces siempre para para recoger a la gente. Estuvimos hablando de Queenstown, la temporada de esquí, y de cómo en sus montañas se rodó gran parte de El Señor de los Anillos, de que casi todos sus amigos habían hecho de Hobbits en la película, y de que muchos anuncios que luego se emitían en Europa se rodaban allí.
- Todo el mundo en esta jodida ciudad tiene un agente. Yo tengo un agente. Hasta él, dijo señalando a su perro, tiene un agente.
Los dos siguientes desplazamientos los hice con conocidos. El primero, de Queenstown a Wanaka, fue un trayecto de unos 50 kilómetros por carretera de montaña con una pareja de taiwaneses que habían estado de couchsurfing en la misma casa que yo. El chaval invadía el carril contrario de forma sistemática cada vez que tenía que coger una curva.
- ¿En China y Taiwan es habitual esto que haces de invadir el carril contrario para coger las curvas?
- Es que así es menos cansado. Pero antes me aseguro de que no viene nadie de frente.
- Pues cuando vayas para Europa no lo hagas, porque es ilegal y te pueden multar.
Estoy seguro de que aquí también lo es, pero no quiero parecer demasiado pedante cuando además me están llevando gratis. El segundo fue con una amiga de Linda, la chica con la que hice helpx en Wanaka. No me acuerdo de cómo se llamaba, Bárbara quizás, pero hicimos buenas migas y como ella iba para Queenstown no le importó coger el camino de la autopista y dejarme en Cromwell. Allí volví a hacer autostop y de nuevo me recogieron justo antes de que se pusiera a llover, en este caso un señor mayor que me preguntó de dónde era y que si el palo que llevaba era una caña de pescar. Tenía un acento muy cerrado, o quizás era mi oído el que estaba cerrado. Por decir algo le pregunté sobre el tiempo que íbamos a tener los próximos días, y como contestación estuvo hablando sin parar durante diez minutos. Yo no me enteraba de nada, así que de vez en cuando soltaba algún 'ajá' o un 'yeah', o sonreía en los momentos que me parecían apropiados. Lo único que le entendí fue algo relacionado con Rusia, Moscú, dos vías lácteas, la nieve y que había estado trabajando en las montañas, o algo así. Tras una pequeña pausa y como parecía que le apetecía hablar le dije 'Actually, here you have a lot of mountains'. El tipo me miró con aire grave y contestó: 'Absolutelly', y ya no paró de hablar hasta que llegamos a Alexandra. Iba muy despacio y cuando otro coche venía por detrás reducía aún más la marcha y se arrimaba al arcén para facilitar el adelantamiento. De Alexandra me llevó al cruce con la StateHighway 1 otro señor que conducía un todoterreno y arrastraba un mini velero. Le gustaba navegar, sus hijos estaban en una competición de seis meses alrededor del mundo, y ahora estaban en Europa. Si les iba bien en algunas regatas algunas marcas les esponsorizaban las siguientes, y él les había dicho que adelante, que ahora que eran jóvenes era una buena oportunidad para ver mundo. Su hija estaba estudiando en Dunedin, y aunque no lo tenía muy claro quizás probara a hacer algo de prospección de tierras. Él también había estado en España a principios de los 70.
Un estudiante universitario me recogió a los pocos minutos y cuando se enteró de que era español me contó todo ilusionado que él quería ir al País Vasco, porque competía cortando troncos y sabía que allí era un deporte muy popular. Su especialidad era la velocidad, esto es, a ver quién cortaba un tronco más rápido, supongo que a base de eliminatorias, como un torneo. Otra prueba era cortar varios troncos, pero eso llevaba más tiempo y no era lo suyo, entiendo que en este caso se podría catalogar como prueba de resistencia. Si hay algún vasco leyendo esto y que nos lo pueda aclarar, yo personalmente le estaría muy agradecido. Le dije que en el País Vasco también levantan piedras y juegan a la pelota vasca, aunque esto último se lo tuve que explicar porque no lo conocía.
Mis siguientes viajes fueron de Owaka a Dunedin, que me llevo Stu, Dunedin - Timaru, que fui con Richard y Gina, y Timaru - Christchurch, que lo hice con Amanda. Todos estos no cuentan como hitchhiking porque fueron con amigos o familiares de amigos, así que no tuve que hacer dedo. Mención especial para Amanda, que se desvió 20 kilómetros de su recorrido para dejarme sano y salvo en casa de Eric y Caroline.
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didgewind
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