El ochenta por ciento de la plenitud sexual (¡y de la felicidad!) depende de nuestra capacidad para conversar con nuestra pareja. Cariño, la próxima vez que me la chupes, méteme el dedo en el culo. Sí, me gusta. ¿Por qué no te lo había dicho antes? Porque desconocía el principio de mediocridad sexual y ahora que lo conozco quiero una vida sexual más real y más honesta.
Tengo dolores de espalda desde los 13 años. Estuve un tiempo sin saber por qué, hasta que Julio Carmona, un magnífico fisioterapeuta amigo de mi padre, me hizo una revisión completa y me dijo: 'Tu problema es que juegas mucho al fútbol y tienes los isquiotibiales muy desarrollados pero muy poco flexibles, por lo que te tiran mucho de los músculos de la espalda. Te vendría bien flexibilizar esa parte, reforzando las abdominales y realizando estiramientos específicos'.
Desde entonces, y ya ha pasado un tiempo, tengo épocas. Épocas en las que hago abdominales y estiro frecuentemente, y me molesta poco; otras en las que me despisto, y me molesta más; a veces, no sé por qué razón, me da un pinchazo (avisando durante los días previos con molestias menores) y tengo que pasar un día entero en cama y varios con movilidad limitada.
Hay una constante que parece repetirse y es que cada día siguiente de practicar cualquier tipo de actividad sexual, los dolores vuelven a aparecer. Esto resultaba un tormento en mi adolescencia, cuando entre el fútbol, levantarme temprano para ir a clase, y las pajas que me hacía cada noche solía amanecer con un dolor de tres pares de cojones.
Sin embargo, esta relación entre sexo y dolor no ha sido nunca algo muy claro para mí: más o menos me daba cuenta del hecho, vislumbraba la posibilidad de que existiera una cierta correlación, pero siempre la había achacado a mi sentimiento de culpa (el poder de la mente y mi educación católica): ya saben, me hago una paja, me duermo pensando que no debería haberlo hecho, me despierto con dolor de espalda, si no me hubiera masturbado no me dolería, me levanto de mal humor, etc., etc., etc.
Ahora que estoy practicando la meditación y la consciencia activa descubro cosas que antes me estaban vedadas. Una de ella ha sido el darme cuenta de que mientras practico sexo tiendo a tensar mucho los aductores, los isquiotibiales y los músculos de las piernas en general. E intento ser consciente de ello (es una de las enseñanzas del Vipassana y de la meditación en general, practicar la consciencia activa en cualquier momento y en cualquier lugar) y enviar una orden mental a esos músculos para que se relajen; y también me he dado cuenta de que al relajar de forma consciente esos músculos, mi excitación disminuye. Lo que también me viene muy bien en relación a la eyaculación precoz.
Le preguntaba él mientras la penetraba por el culo,
¿te gusta sentirte como una puta? Las palabras retumbaban en su cabeza, mientras una gran losa le iba aplastando. Una losa que conocía bien, y que luchaba continuamente para que no se le cayera, y que, aunque sintiera su sombra, no oscureciera su mente
¿te gusta sentirte como una puta? Y de repente se sintió como una niña, a la que su mamá le decía que el sexo..., que el sexo es para los chicos, que a las niñas buenas no les gusta,
¿te gusta sentirte como una puta? ¿te gusta sentirte como una puta?? ....y ahora lucha para levantar con fuerza la gran losa, para luchar contra sus miedos y para que nunca nadie pueda hacerla caer de nuevo.
Quizás no debería llamarte desconocida, pues ya nos hemos visto varias veces en las clases de danza, y ya nos hemos dado varios abrazos. Pero te lo llamo, eso, desconocida, porque aunque seguro que me lo has dicho, no recuerdo tu nombre, y lo poco que sé de ti es una ínfima parte de la vasta totalidad de tu existencia. No sé de dónde eres, en qué trabajas, si es que trabajas, cuántas hermanas tienes, si tus padres viven... no sé nada de tus logros, de tus miedos, de tus anhelos... en definitiva, no sé de ti más que lo que me contaste el otro día antes de comenzar la clase, que te estás yendo a vivir sola, y que te gusta el baile.
Así pues, querida desconocida, quería decirte por escrito que me encantó bailar el otro día contigo. Tienes una energía muy especial, la noto cuando te abrazo, y la mazurka que bailamos ayer juntos fue eso, especial. Déjame que te diga que diga que bailas muy bien, y que es un gustazo ser tu pareja en el baile. Incluso la sensación de sentirme llevado en determinados momentos tenía su gracia. Como además yo sabía en qué momentos asumías el mando de forma inconsciente, te dejé hacer.
La mazurka es un baile precioso. Ya me avisaba otra compañera de danzas hace un par de meses, cuando asistí a clases por vez primera. '¿No conoces la mazurka? Es preciosa'. No puedo más que coincidir con su apreciación. La mazurka es lo suficientemente sencilla, y a la par tan elegante y tan abierta a la improvisación que permite crear esa complicidad especial con la pareja que tú y yo sentimos la otra noche.
Al final del baile te abrazaste a mí y apoyaste tu mejilla en mi hombro; yo siempre estoy dispuesto para un abrazo, y además, la magia del momento hacía que sintiera mucho amor hacia ti, por lo que te correspondí uniendo mi respiración a la tuya, sintiendo tu cuerpo. Como Merteuil decía en uno de sus escritos, en definitiva, respirando amor. Pasaron unos segundos y seguíamos abrazados. La gente supongo que cambiaba de pareja, comentaba la jugada...
Últimamente el sexo y el amor forman para mí parte del mismo paquete: cuando tengo sexo con alguien es porque siento amor hacia esa persona. Por otra parte, me resulta muy fácil sentir amor en general, cada vez siento más amor incondicional, aunque al mismo tiempo me estoy volviendo más selectivo con la gente con la que me acuesto; supongo que ya no me vale con que me den sexo, necesito que vaya también acompañado de amor.
Y en el otro sentido también funciona: cuando siento mucho amor, mi sexo responde. Y eso fue lo que me pasó en ese momento que permanecimos abrazados sintiendo tanto amor el uno por el otro. Comencé a sentir cómo mi polla se estaba poniendo dura.
Es un trabajo intenso el que tengo que hacer ahí. Muchas veces suelo llevar pantalones holgados de tela, y como estábamos en danzas, ayer era uno de esos días. Además, casi nunca uso ropa interior, así que mis erecciones son bastante evidentes. El trabajo que intento llevar a cabo en esos momentos es el de aceptar a mi cuerpo de forma consciente, porque no es que esté proyectando un deseo que se manifiesta en forma de erección, sino que (creo que) mi amor se refleja en forma de erección. Pero claro, a ti casi no te conozco y estábamos en medio de un grupo de unas 40 personas. Cuando me sucede esto, que hacía tiempo que no me sucedía (quizás porque hacía tiempo también que no abrazaba tan íntimamente a una desconocida) tiendo automáticamente a intentar controlar mi erección, pero claro, me doy cuenta de que lo hago por vergüenza de qué puedes pensar de mí o qué puede pensar otra gente que se encuentre alrededor y note mi azoramiento (sobre todo las chicas). Es interesante cómo nos afectan los condicionamientos inconscientes incluso aunque seamos conscientes de ellos. Y como intento actuar sin que me condicione la opinión externa, yo soy así, si me aceptas, bien, y si no, también, pues suelo en esa situación librar una batalla interna conmigo mismo: me estoy excitando, ya te vale, es por tu proyección sexual inconsciente, que no, que a lo mejor es por amor, ya, pero ¿y si no lo es? Bueno, pero si no te dejas fluir e intentas pararlo ya te estás condicionando a ti mismo, claro, pero tienes que pensar en la chica que te está abrazando, que se puede sentir incómoda, bueno, pero es que yo soy así, ahora mismo al menos de forma consciente no estoy proyectando ningún deseo sexual ni quiero que se sienta agredida ni incómoda...
Y así un buen rato y siempre con el runrún de calibrar en qué punto de extensión y ángulo se encuentra mi erección y si tú la estás notando y controlando al mismo tiempo el que cuando nos separemos no se note mucho.
Pero todo está bien, siempre. Así que a seguir trabajando.
(10:30:23) didgewind: lo que me pasa contigo es que no puedo separar el amor del sexo
(10:30:49) Laura: mmm..... pues ahora que lo dices a mí también me pasa ¿eso es bueno o malo?
(10:31:06) Laura: ¿en otros casos puedes separar el amor del sexo?
(10:31:08) didgewind: pues yo creo que ni bueno ni malo
(10:31:24) didgewind: desde hace tiempo no
(10:31:36) didgewind: lo que sí me pasa es que con algunas personas siento más amor que con otras
(10:31:52) didgewind: y contigo siento mucho, cada vez más
(10:32:07) didgewind: lo ves? ya se me está poniendo dura
(10:33:08) Laura: no lo veo, pero me lo imagino
(10:33:12) Laura: :)
(10:33:16) didgewind: :)
(10:33:30) didgewind: qué bueno, no era mi intención pero es una demostración palpable
(10:34:22) didgewind: cuando digo 'contigo no puedo separar el amor del sexo', lo que nos viene a la cabeza es que cuando tengo sexo contigo el amor siempre está ahí
(10:34:29) didgewind: pero claro, va también en la otra dirección
(10:34:55) didgewind: ahora que estoy hablando contigo y sintiendo amor, el sexo está ahí :D
Estaba buscando en internet cómo traducir glande en inglés y me encuentro con que en la página que suelo usar siempre ( http://www.wordreference.com) no viene, pero alguien de lengua inglesa comenta que necesita traducir la palabra glande y pide disculpas por ser grosero. Así he llegado a la traducción glans. No me explico como a estas alturas se consideran tabúes o groserías a palabras que designan partes de nuestro cuerpo. Ni nos pongamos a hablar de las que se refieren al sexo. Me he acordado de cuando iba en el avión (Airasia) con Andrea y de que nuestro asombro al encontrar que había un chat para hablar con otros pasajeros se quedó en nada, cuando al escribirnos entre nosotros (no ponen pelis gratis) la palabra sexo aparecía en la pantalla del otro de esta manera ****. Así que nos pusimos a jugar a ver quién encontraba más palabras prohibidas y todas eran del tipo polla, coño, tetas...no encontramos ninguna relacionada con violencia o terrorismo.
Estuve en India echándome la siesta con un amigo indio que de sexo sabe lo que ve en internet (es terrible la falta de información y experiencias que tienen) y sin haber ni pensado en ello nos empezamos a acariciar y a besar en nuestra querencia de sentir un cuerpo junto al nuestro con el que compartir Amor. Tan bonito el café con leche que formaban nuestras pieles desnudas. Cuando empecé a acariciarle la polla me quedé con un nudito en la garganta ( tenía el glande totalmente cubierto por la piel asomando sólo el agujerito) de pensar que quizás nadie le había dicho que el glande debería estar al descubierto, de que el pobre glande necesitaba ver la luz y respirar y sentir...Le acaricié muy dulcemente, presionando suavemente con la punta de los dedos en la parte que une el glande con el resto del miembro, que no sé si tiene nombre, con movimientos circulares, porque el pellejito no daba lugar a ningún movimiento de vaivén. Se corrió enseguida muy agustito y yo me quedé muy agustito también de verle disfrutar. Dejé pasar la tarde sin contarle lo de su fimosis porque la idea de la represión sexual con todas sus terribles consecuencias, en tantos lugares del mundo, se me hacía palpable y real y me llenaba de esa tristeza que se mete por dentro como una nostalgia o enfermedad. La ignorancia que nos vuelve estúpidos a los humanos o la estupidez innata que nos hace ignorantes. Y con mi tristeza dejé escapar la oportunidad de explicárselo en persona, donde le hubiera resultado más fácil de entender. Ahora nos escribimos y yo le cuento y él me cuenta y me preocupa la circuncisión que le puedan hacer en medio de la jungla.
En cada cultura, cada país, cada pueblo, sufrimos nuestras ignorancias y castracciones mentales que nos llevan a la no completa realización y disfrute de la Vida. Y eso lo vamos transmitiendo generación tras generación. Llevamos no sé cuántos miles de años con ellas y me pregunto cuantas más quedarán para llegar al Amor en su forma de sexo sin deseo ni pecado, entre otras.
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