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martes, noviembre 05, 2013

Sublevación

-Estoy harto de oír cuentos -dijo mientras se levantaba de la silla con precipitación.
Sabía que era el momento de poner las cartas sobre la mesa. Había comenzado a hablar y ya no podía echarse atrás. Muchas veces imaginó esa situación y, sin haberlo previsto, surgió en el lugar más inoportuno. Ella lo contemplaba con asombro.
-Siéntate, por favor -respondió la mujer intentando acariciar sus manos esquivas -, no tienes ni idea de lo que dices.
-Todo son mentiras –el muchacho elevó el tono de voz mientras la miraba con los ojos inyectados de odio -, fantasías que te inventas. Te pasas el día rodeada de libros y sola. ¿Quién eres para contar mi vida?
-Lo siento, pero tú no existes -respondió la mujer con dulzura -. ¿No te has enterado de que no eres más que un personaje de uno de mis cuentos? Y ahora voy a terminar con esta situación ridícula.
Rompió el folio en pedazos e hizo una pelotita que tiró a la papelera.

 
Víctor M. Jiménez Andrada
Publicado en “Un rato para un relato”, Rumorvisual, 2010

domingo, octubre 06, 2013

Verdaderos amigos

Hacía años que no veía a Roberto. Lo encontré por casualidad en un bar de la Plaza Mayor y fue tal la alegría que decidimos tomar unas cañas juntos. Después de un par de horas habíamos evocado todos los acontecimientos pasados. A partir de ahí, vimos que nada en común podíamos contarnos. Comenzamos a aburrirnos. En ese momento resolvimos, muy acertadamente, poner fin a nuestra amistad con la última cerveza. Desde entonces no pasa una semana sin llamarnos para saber el uno del otro.

lunes, septiembre 30, 2013

Significados

La abuela quiso conservar la memoria de su nieto fallecido cuidando las plantas que había dejado. Tan bien lo hizo que pronto las hojas asomaron por encima de una tapia que daba a la calle. No logró comprender las palabras de los policías cuando la arrestaron aquella mañana, ni el empeño de los agentes en llevarse las macetas.

domingo, septiembre 15, 2013

Valoraciones

Temía la alegría y la rapidez con la que unas manos ansiosas lo harían pedazos. Su piel brillante y colorida quedaría reducida a un amasijo deforme sobre el suelo. Nunca entendió porqué tenía que ser él la parte menos importante del regalo si después de todo era la más llamativa y visible.

viernes, septiembre 06, 2013

Decadencia

Cuando tuvo que fotografiar la decadencia no se le ocurrió mejor idea que salir a la puerta de su casa, dirigirse hacia la tapia medio derruida de una obra abandonada y tomar varias instantáneas. Sobre la desconchada pared, habían pegado sucesivos carteles anunciando conciertos y otros espectáculos. Se superponían unos a otros formando un grosor considerable. Medio arrancados, dejaban entrever, como libros de historia, acontecimientos pasados. Supo que tenía la foto perfecta cuando dio, por casualidad, con el cartel amarillento y desgarrado de un grupo de rock cuyo vocalista murió trágicamente a las pocas semanas de aquel evento.

viernes, agosto 30, 2013

La protesta

Pensó que desnudarse en mitad de la calle era una buena forma de protesta. Solo consiguió un puñado de miradas lujuriosas sobre su piel pálida, algún que otro desprecio, una fotografía a todo color en el periódico local, unos días de fama efímera, un buen resfriado y una denuncia por escándalo público.

sábado, agosto 10, 2013

Una pompa de jabón

La pompa de jabón se desplazó suave y temblorosa a un par de metros del suelo. El hombre pudo distinguir sobre la superficie jabonosa el reflejo de su rostro. En un instante, él desapareció sin dejar rastro, pero su imagen quedó atrapada para siempre en la delicada burbuja.

martes, julio 30, 2013

Reinos frágiles

Se sentía poderosa y temida. Sus deseos eran órdenes para los súbditos. Pero su reino era minúsculo, casi ridículo, y bastó un suspiro de mariposa para derrumbar el palacio que se había hecho construir sobre pilares de cristal.

viernes, agosto 10, 2012

Medir las fuerzas

Cuatro chicos de un curso superior la habían tomado con él. Era bajito, delgado y con gafas. Cada recreo le robaban el bocadillo y se lo comían delante de sus narices. Nunca lo denunció a ningún profesor. Un día, después del recreo, los cuatro gamberros tuvieron que ser atendidos en la enfermería con fuertes dolores de barriga y una diarrea imparable. Eso les enseñó a no volverse a meter con el hijo del farmacéutico.

miércoles, agosto 01, 2012

El invento

Inventó un aparato para medir el amor. Le pareció un descubrimiento maravilloso, pero al probarlo pudo ver, con espanto, los niveles verdaderos de este sentimiento. Muy a su pesar, destruyó el artilugio y prefirió que el mundo siguiera alimentándose de hipocresía.

domingo, julio 29, 2012

Objetivos

Vivía encadenado a las obligaciones y las prisas. Su existencia se limitaba a acaparar bienes que rara vez podía disfrutar. Un día oyó a alguien que dijo: “De aquí a cien años, todos calvos”. Desde entonces ha vuelto a sentir la brisa fresca con la que amanece cada día y trabaja lo imprescindible.

sábado, junio 30, 2012

Vocaciones extrañas

Llegó a casa cargado de pinturas, lienzos, pinceles y un caballete. Compró el mejor material que pudo. Vació una habitación y en el centro dispuso todo lo necesario para trabajar. Cuando se sentó frente al lienzo en blanco, con la paleta de pintura en una mano y un pincel en la otra, se dio cuenta de que no sabía pintar.

jueves, junio 14, 2012

Costumbres desagradables

Anabel no soportaba el vicio de su compañera Pepa de leer en voz alta las esquelas del periódico. Se recreaba haciendo comentarios sobre la edad de los finados de turno y la comparaba constantemente con la suya. No ahorraba en detalles escabrosos sobre las causas posibles de las defunciones. Por suerte para Anabel, aquella costumbre se perdió el día que apareció publicada la esquela de Pepa en el diario local.

domingo, septiembre 25, 2011

Caminos difíciles

Estaba atrapado, no podía respirar, pero poco a poco, milímetro a milímetro, se abría paso. Olía a sangre y notaba como un líquido viscoso empapaba su piel. Apenas podía mover las extremidades, pero avanzaba.
De pronto notó unas manos enormes aferradas a su cabeza. Todo ocurrió en breves segundos. Sintió como volaba y lo colgaban boca abajo. Un rápido golpe en las nalgas le hizo llorar.
—Enhorabuena, aquí está su hijo.

jueves, septiembre 15, 2011

En el circo

La primera vez que fue al circo tenía siete años. Uno de los trapecistas resbaló y cayó al suelo desde muy alto. Se formó un tremendo revuelo, fue espantoso. El hombre murió en el acto. Varios años después no se perdía ni una de las funciones de los circos que pasaban por la ciudad. Nunca volvió a ver un número tan sublime.

lunes, septiembre 05, 2011

Nueva vida

Tiene quince años. Rebosa vida. Sale de la ducha muy perfumado. Se viste con su ropa nueva. Ha quedado con ella. Es la primera vez. Se marcha de casa.
En un rincón de la habitación, el viejo osito Teddy llora desconsolado y grita:
—¡Adúltero!

martes, agosto 30, 2011

Pecado pasado

La puerta principal del Instituto se divisa desde la cafetería de la esquina. Un hombre y una mujer, mientras toman un café, observan, desde los ventanales ahumados, la salida alborotada de los alumnos.
—Es aquel de allí, el rubito —dice ella —el de la chaqueta negra.
—Dios mío... ¿Qué edad tiene?
—Catorce.
—¿Ya ha pasado tanto tiempo? —se sorprende el hombre.
—Sí —responde bajando la mirada —Luego te largaste con tu mujer.

jueves, junio 30, 2011

Las naranjas

El suelo del parque se cubría de oro. Las hojas de los árboles describían, en su caída irremediable, trayectorias indefinidas al capricho de la brisa. Cada mañana, el servicio de limpieza las retiraba, pero a las pocas horas un nuevo manto reemplazaba al anterior.

Isabel paseaba despacio de vuelta a casa. Sentía bajo los pies el crujido de la alfombra vegetal. En su cabeza aún resonaba el eco de las olas de un mar muy lejano y el sabor salado de los últimos besos. Aquellos días habían transcurrido perfectos y dulcemente monótonos, pero formaban parte del anaquel de cosas pasadas. Ahora la realidad se teñía del color gris plomizo de un cielo que amenazaba lluvia. Con las primeras gotas, Isabel aceleró el paso. No le gustaba llevar paraguas.

Llegó a casa empapada. Se quitó la gabardina y la dejó caer descuidadamente al suelo. En el cuarto de baño, se secó el cabello y se vistió con ropa limpia. Luego preparó un café bien cargado y se entretuvo en el conocido paisaje que le ofrecía la ventana de su habitación. Llovía con más intensidad. Pronto sintió que las espesas nubes llamaban con fuerza a la puerta. Querían inundarla de nuevo. Esta vez no dejó que las lágrimas brotaran. Se puso en pie y se dirigió a la cocina. Sobre la mesa descansaba un cesto lleno de naranjas. Tomó una en las manos y la acarició con ternura. En ese instante, un rayo de sol cortó el cielo.

Víctor Manuel Jiménez Andrada
Publicado en narrativabreve.com

martes, junio 07, 2011

Alexis, el águila

Alexis, el águila, se jubiló del trapecio el día que sus manos, agarrotadas por la artrosis, no pudieron con el peso de su cuerpo. Le costó resignarse y se llevó más de un susto cuando, en algún doble mortal, sus dedos no conseguían aferrarse con la firmeza de años atrás. Charles, el viejo jefe de pista y dueño del circo, percibió el problema de Alexis, pero nunca se atrevió a decirle nada. El carácter orgulloso y áspero del trapecista era un muro infranqueable para cualquiera que le llevara la contraria, aunque fuera con buena voluntad.
La vida del circo era dura y Alexis tuvo que ejercer otros oficios para subsistir. Durante una temporada se encargó de la taquilla, pero discutía constantemente con los clientes. Una calurosa tarde de junio, dejó la venta de entradas para liarse a golpes con un tipo tan violento como él. Aquello terminó con Alexis en un coche patrulla, la función arruinada y la paciencia de Charles derramada por la arena.
Nadie sabe lo que pasó por la cabeza de Alexis la noche que estuvo en el calabozo, pero a la mañana siguiente parecía otro. Habló con Charles y llegaron a un acuerdo. Tres semanas después, en la pista central, debutó con bastante éxito un nuevo payaso. Alexis saboreó con intensidad la vieja frase que todo artista de circo se sabe de memoria: “El espectáculo debe continuar”.


Víctor Manuel Jiménez Andrada

publicado en Un Rato para un Relato. Rumor Visual, Cáceres 2010

martes, junio 01, 2010

La rebelión del cordero

Acaba de llegar a casa. Se descalza con precipitación en el pasillo, tiene los pies deshechos. Se deja caer en su sillón favorito y, sin cambiarse de ropa, aguarda su regreso. En ese instante se oye la puerta. El hombre entra como una bestia. Mira aterrorizada, pero segura: mete el dedo en el gatillo y agarra con fuerza la culata de la pistola que esconde bajo el vestido.

Víctor Manuel Jiménez Andrada