martes, noviembre 13, 2012

Con los ojos como platos

Últimamente he salido y cada vez me vuelvo más observadora y silenciosa, quizás porque me gusta escuchar, ya que me canso de mi rutina, por muy independiente que sea o enarbole mi libertad. No obstante, mis ojos continúan asombrándose de lo que oigo, pues, cada vez más frecuentemente, he notado que muchos hombres o creen que establezco una conversación porque quiero tener algo con ellos o huyen pensando que es así y, por desgracia, me ha ocurrido en el trabajo y me asombra, más entre amigos, que también me ha ocurrido.

Por otro lado, los sitios que frecuentamos precisamente dan que pensar, pues han sido los últimos donde parecía que se iba buscando algo. El caso es que me da igual, como siempre, qué opine quien me ve allí (aunque en el fondo me jorobe que llegue a conclusiones sin pruebas (mi mente científica lo detesta)).

Y pocas personas son capaces de ver más allá de nada, de vislumbrar qué hay tras una conversación y el tipo de vocabulario utilizado, etc. Es una pena que no encuentre a casi nadie (sólo a dos personas, las cuales me gustaría ver de nuevo sólo por eso y entablar otra charlita) que piense. Más me extraña aún cuando hoy en día considero precisamente que se conoce a más gente que antes y nos relacionamos más: porque existen las redes, viajamos, asistimos a muchos eventos de todo tipo...

Y, como me dice Didge, me canso: siempre estaré cansada...

En fin, de momento tengo Madi de la que tirar para largo y tendido, aparte de sitios a los que asistir y nuevos descubrimientos...


No hay comentarios: