sábado, octubre 10, 2009

La desgracia ajena

Cuando me lo contó, fingí torpemente tristeza. Deseaba delatar el gozo que se cuajaba en mi negro corazón con su desgracia. Pronto vi el odio brillar en sus ojos húmedos y supe que había averiguado mis verdaderas intenciones.

3 comentarios:

didgewind dijo...

Me alegra verte de nuevo por aquí. Un abrazo.

merteuil dijo...

je te ech'abamos d menos!!!

un besooo

Victor dijo...

Un abrazo para vosotros también. Un gustazo volver.