viernes, diciembre 04, 2009

Una cuestión de peso

Ya son tres los libros que he leído últimamente que mencionan de pasada algo que me gustaría saber si es habitual: tres mujeres jóvenes, tras degustar una deliciosa cena, comida o desayuno, se encaminan al baño para expulsar de su estómago todo alimento que acaban de ingerir y así evitar que se acumule en sus caderas, muslos o michelines. Y los personajes no padecen de bulimia o anorexia. Son muchachas normales que vomitan por norma cuando ingieren excesivas calorías (desde su punto de vista) en determinadas circunstancias (por ejemplo, están de bajona y se atiborran de chocolate en el desayuno o van de cena a un buen restaurante e ingieren grasas por doquier).

En un estudio sobre la consciencia sexual de las mujeres argentinas la anorexia se señalaba como 'una actitud de moda entre las estudiantes adolescentes': básicamente, si no eres anoréxica no eres cool. Y una de las chicas entrevistadas afirmaba que el día que perdió la virginidad estaba más atenta de apartar de su vientre la mano de su chico para que no notara su barriguita que del momento en sí.

Todo esto es demencial. Y más sabiendo que LA MAYOR PARTE DE LAS MUJERES, o al menos de las mujeres que yo conozco, PESÁIS MUCHO MENOS DE LO QUE DEBERÍAIS, y aún así estáis obsesionadas con pesar todavía menos.

En su libro Mujeres que Corren con los Lobos, la autora describe en un capítulo cómo ella, de origen mexicano pero adoptada y criada en EEUU, y una amiga suya de origen africano e iguales circunstancias estuvierontoda su vida luchando contra sus cuerpos porque la sociedad en la que vivimos continuamente les recordaba que estaban demasiado gordas, que tenían que comer menos, que la gente les iba a mirar raro... hasta que hicieron una visita a sus poblaciones de origen. Cuando llegaron se dieron cuenta de que TODAS sus familiares y, por extensión, TODAS las mujeres de la población estaban más gordas que ellas. 'Hija, estás muy delgaducha. ¿Estás enferma?' 'Comes muy poco, tienes que comer más'. Éstas fueron frases habituales durante su visita, que la ayudaron a aceptarse tal y como era, y tal y como a su naturaleza le correspondía.

¿Tanta es la presión occidental sobre el cuerpo femenino? Entiendo que sí. Parece ser también que la mujer comienza a disfrutar realmente del sexo cuando llega a los 30, y me pregunto si tendrá que ver con el hecho de que a esa edad la mujer comienza a aceptar su cuerpo tal y como es, empieza a dejar de obsesionarse con su peso y por consiguiente se siente más segura y con más confianza durante el acto sexual.

Por otra parte, no se trata sólo de que la mujer acepte su cuerpo tal y como es. Se trata también de que todos cambiemos nuestra concepción de belleza. La naturaleza es sabia, y si una mujer que se alimenta de forma adecuada y hace ejercicio regular (ya sea no usar el ascensor y subir y bajar escaleras o caminar habitualmente) tiene que tener culo y barriga, ¡alabados sean! Lo que no puede ser es que paséis hambre u os matéis a dietas absurdas por ajustaros a unos cánones de belleza estúpidos, artificiales y absolutamente irreales.

Yo, por mi parte, llevo un tiempo obligándome de forma consciente a mirar con ojos golosones a chicas con más peso del que hasta ahora me había parecido atractivo. Y no resulta tan difícil.

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