miércoles, septiembre 12, 2007

Mi Lugar En El Mundo

De pequeña me daba por pensar que si alguna vez me iba muy mal en la vida, siempre podría ir a un convento, llamar a la puerta y pedir que me acogieran. Quizá por oír siempre a mi tía decirle a mi prima que se metiera a monja y así no tendría nunca ningún problema.

De adolescente pensaba que si alguna vez no tuviera dinero para pagar ni el alquiler, podría cometer algún delito para que me encerraran una temporada en la cárcel a pensión completa.

Al final, me fue mal en la vida y no elegí ninguno de los micromundos anteriores para refugiarme. Pero elegí perfectamente mi refugio. Hace dos años me presente aquí, con la cara descompuesta, las ropas desgarradas, gritando que no soportaba más vivir en el desquiciado mundo que me rodeaba, que necesitaba paz, sinceridad, solidaridad, confianza, amor. Me ofrecieron una habitación “sólo estarás aquí unos días, hasta que te calmes”. Unos días hacen ahora 731. Vivo en el manicomio de Carabanchel y la gente es muy amable conmigo. Aquí no soy invisible como ahí fuera, donde nadie me sonreía nunca, donde nadie me necesitaba, donde nadie me quería. Ese mundo que durante 33 años me ha mostrado una vida cruel, triste, sin sentido; de locos.

Hoy una enfermera me ha dicho que con un poco de suerte saldré pronto pero yo no quiero salir. Hay fuera están todos más locos que aquí. Por lo visto la cosa no ha cambiado desde que lo abandoné: egoísmo, hipocresía, odio, falta de respeto, cerebros huecos, almas grises. Además allí fuera nadie me espera, no tengo nada que hacer. Aquí ayudo a las enfermeras, hablo con mis compañeros de las habitaciones contiguas durante horas, nos escapamos por las noches para fumar y comer lo que hemos ido robando durante el día. Los locos llaman a mi puerta buscando mi compañía y yo llamo a la de ellos cuando requiero de la suya. Hace poco me pusieron a trabajar en la biblioteca “A ver si así se recupera” dijeron los médicos. Y vaya si me he recuperado, tanto que no quiero salir de aquí.

Hace poco leí un microrrelato de Chuan Tzu: “Soñó que era una mariposa y al despertar no supo si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que estaba soñando ser un hombre”. Y yo no sé si soy una persona cuerda fingiendo estar loca o una loca fingiendo estar cuerda. Lo que sé es que soy más feliz aquí dentro, en el micromundo de los locos cuerdos, que ahí fuera, en el macromundo de los cuerdos locos.

5 comentarios:

Victor dijo...

Son muchas las veces que me planteo dónde está el cuerdo y dónde el loco. Me cruzo con el pobre "loco", que está todo el día relajadito, paseando y haciendo lo que le viene en ganas, mientras que los "cuerdos", nos levantamos antes que el sol, vamos a trabajar durante horas, luchando por ser más, por alcanzar más y quitando poco a poco tiempo a nuestra propia existencia. Es lógico y muy normal el planteamiento ¿Quién es el loco?. Creo que vivimos en una profunda locura a la que llamamos cordura para consuelo de todos.

Neige dijo...

El problema de la mayoría de la gente es que no elige bien. Levantarse antes que el sol e ir a trabajar durante horas no es para mí quitar tiempo a mi existencia, es hacer algo útil con ella.
En este mundo en el que vivimos, con comodidades, el que se frustra (aunque no todos), suele ser, en mi opinión, el paradigma del egoismo. Siempre con el mismo rollo, que si MI vida se agota, que si MI existencia está gastada, que si ahora te quiero y luego se ME acabó el amor.
Si uno se levanta cada día pensando en todo lo bueno que se puede hacer por el vecino la existencia siempre es dichosa. Así que yo siempre recomiento que si uno está frustrado, interiorice y piense hasta que punto es un puto egoista.
El mundo no está loco, simplemente la gente es mala por naturaleza, nace pegada a unos instintos de supervivencia que evolucionan hacia un egoismo desmedido. Si uno se da cuenta a tiempo puede solucionarlo, si no, pues fracasa y encima tiene la cara de echarle la culpa al resto de la humanidad.
Mi padre que es ya un anciano, me cuenta que fue el niño más feliz del mundo. Se levantaba antes de salir el sol y con 9 años se iba medio descalzo a cuidar ovejas, con lluvia, con frío o con calor. Mi sobrino de 12 años es, hoy en día, más infeliz que él. ¿Por qué? Pues porque mi padre tenía algo que le falta a la mayoría de la gente: paciencia, amor y un profundo respeto por mi abuela, y el hecho de colaborar en casa y cumplir con su obligación le daban una felicidad desconocida para muchos. Así ha sido toda su vida. El honor y la honradez, el trabajo bien hecho han dominado su vida sin la más mínima queja, pese a los muchos golpes. Así que, amigos míos, menos quejarnos y más ayudar al prójimo, no hay mejor manera de olvidarse de los problemas propios.

Victor dijo...

En eso estoy de acuerdo contigo, neige, pero no se trata de quejarse. De hecho personalmente, poco me quejo por el trabajo o por lo que tengo que hacer. Es solamente un planteamiento de ¿dónde está el loco y dónde el cuerdo?. Para nada tiene que ver con el grado de felicidad y satisfacción que se llega a producir por el trabajo o la tarea bien hecha. De hecho ¿he dicho en algún momento que no esté cómodo en mi "locura"? (por cierto, locura de vida que he tenido la suerte de elegir). De todas formas creo que no has entendido cuando digo eso de "quitar tiempo a nuestra propia existencia", o quizás no lo he expresado bien, en cualquier caso, estarás conmigo en que un exceso de algo(incluido trabajo)no es bueno. De hecho, como bien sabes, las grandes compañías comienzan a preocuparse por compatibilizar la vida profesional y la vida personal, consiguiendose mejores rendimientos. En cuanto a los valores que apuntas de amor, paciencia y respeto, también son valores que asumo como míos. Hay algo que me gusta hacer todas las mañanas cuando voy a trabajar y es una pequeña reflexión en la que me digo "¿Cómo puedo hoy ayudar a los demás?": Ni que decir tiene que soy humano, y algunas veces, todo sale mal, pero creo que la intención ya es buena.

Neige dijo...

No me estaba refieriendo a tu caso en particular Victor. Me refería al estado general de frustración que vive mucha gente, que camina sin rumbo o más bien envidia a aquél que está todo el día haciendo lo que le da la gana. La vida es mucho más que hacer lo que le da la gana a uno, porque si deseamos ser verdaderamente libres tenemos que aprender a desprendernos de nuestro egoísmo. A veces hacer una cosa por obligación nos hace ser más libres que dejarla de hacer por egoísmo.
No hay peor esclavitud que la que está pegado al cacho de carne que somos.

Victor dijo...

Completamente de acuerdo. En el fondo nos entendemos perfectamente. Está claro que el trabajo bien hecho da más satisfacción que el dejarlo de hacer por la pereza. Eso sí, hay personas que no tienen conciencia de esa pereza y hacen de ello su forma de vida.
Un saludo.